Hoy sientan en el banquillo de los acusados a una fiscal Anticorrupción que tuvo la valentía de enfrentarse al peor de los males de nuestra administración de justicia: la corrupción. A partir del momento en que Maribel Cornejo sea indagada, los panameños seremos testigos de cómo los hilos del poder sutilmente tejen la maraña que al final favorece oscuros intereses y –una vez más– logra dar paso a la impunidad.
La Procuradora tiene ante sí la oportunidad de demostrar que llegó al cargo para hacer la diferencia, y no permitir que las presiones políticas ni la intimidación fortalezcan la impunidad, arrastrando consigo nuestras jóvenes instituciones democráticas.
Es inconcebible que a una fiscal, por intentar cumplir con su deber de atajar la corrupción, ahora se la acuse de “atentar contra la personalidad interna del Estado’’. Es decir, que quien se atreva a penetrar el oscuro mundillo de la corrupción, puede ser equiparado a un intento de “golpe de Estado”. ¿Será ese el mensaje que la Corte Suprema quiere enviar? |