| SINDICALISMO.
Una Fenasep divorciada de los servidores públicos
Damián Espino Castillo
Una de las particularidades más sobresalientes que en los últimos tiempos viene caracterizando al movimiento sindical panameño, es la ausencia casi por completo de la necesaria y natural renovación de sus principales cuadros dirigentes. Es muy común ver organizaciones sindicales donde año tras año o congreso tras congreso, se mantienen las mismas figuras que las han venido presidiendo por una y hasta más de dos décadas. Son organizaciones donde pareciese que el relevo jamás se hubiese formado, o que los cuadros y dirigentes destacados y meritorios existentes en sus filas (que de seguro los hay), hubiesen renunciado tácitamente a la aspiración legítima de dirigir o presidir la organización. A nuestro juicio no es lo uno ni lo otro. De lo que se trata es de una estrategia bien diseñada pero nociva para el movimiento sindical, que conduce a mantener en los puestos dirigentes, casi hasta el extremo de la jubilación, a figuras que en muchas ocasiones están totalmente desfasadas y en franco conflicto con el devenir histórico.
Aquí se antepone la ambición, el afán protagónico y la ceguera política y sindical, por encima del desarrollo y fortalecimiento de las organizaciones, de la democracia sindical interna y de las justas aspiraciones de un relevo, que viene aguardando y cuyas esperanzas, cada vez son más reducidas.
Un ejemplo representativo de la ausencia de una verdadera democracia en las organizaciones sociales que retrasa e impide la necesaria renovación de sus cuadros dirigentes, se observa hoy en la Federación Nacional de Servidores Públicos (Fenasep). Allí se encuentra en marcha un plan reeleccionista del señor Alfredo Berrocal, que de llevarse a cabo, aumentará la atomización que impera en la Federación y la postrará por un mandato más. Con este plan se aspira a conservar o escoger una "dirigencia" que carece de total representatividad, sin importar siquiera excluir (propósito inconfesado del señor Berrocal), al gremio que ha demostrado ser el mejor organizado y más combativo del sector público: la Asociación de Empleados de la Universidad de Panamá (Aseupa). De esta manera, la desorganización y el más completo divorcio con los intereses, anhelos y esperanzas de los servidores públicos, que han sido las notas más sobresalientes del período Berrocal, se mantendrán, y volveremos a estar lejos de convertir a la Fenasep en la pujante y prestigiosa organización que soñaron sus fundadores y que reclaman con justificada razón, los miles de trabajadores públicos.
La Federación es hoy todo lo que no debe ser una organización de los trabajadores del sector público. Consecuencia en parte, de que su dirección es resultado de unas elecciones basadas en unos estatutos que nadie conoce. Allí impera el culto a la personalidad, el nepotismo, la demagogia y la incapacidad más lastimera. No se cuenta con un órgano de comunicación y de agitación, como tampoco con un programa coherente y consecuente destinado a la formación y capacitación de los trabajadores y sus líderes. Existe la tendencia, sin que ello signifique experimentar privación alguna, de efectuar viajes al interior del país para visitar regiones donde no existe o se ha perdido por completo la presencia de la Federación. Es por ello que no vamos a dudar ni por un instante, en solicitar se practique una auditoría independiente y otra de la Contraloría General de la República, toda vez que allí se manejan fondos públicos, para conocer en detalle cuál ha sido el destino de los recursos económicos que se han puesto a disposición de la Fenasep.
En la actual Fenasep hay un absoluto misterio. Hoy, cuando pretende organizar unas elecciones a su medida para continuar al frente de la Fenasep, el señor Berrocal, no duda en autoproclamarse "salvador" de los empleados públicos al conseguirles, según él, la carrera administrativa y el salario mínimo. Estas banderas fueron en principio iniciativas de nuestra organización, que Berrocal nos hurta furtiva y deliberadamente. Lo que sí le pertenece es la gran estafa de haber engañado a miles de empleados públicos, con una peregrina y demagógica proposición sobre la recuperación de los decimotercer mes adeudados por los decretos de guerra. No hay duda alguna que se avecinan tiempos difíciles para los servidores públicos. La orientación neoliberal, que hace más rico al rico y más pobre al pobre implementada por todos los gobiernos, no da señal alguna de que variará en los próximos años. Un leve asomo al presupuesto nacional o una observación a sus actos cotidianos, así lo demuestran.
De allí la necesidad urgente de fortalecer la Fenasep y no de condenarla a su desaparición. No permitamos que la megalomanía de un sujeto que sin lustre alguno sirviera antaño, a opacar la asociación de empleados del MOP, continúe impidiendo el levantamiento o el resurgir de la Federación.
Es hora del relevo, de la renovación, de asumir los nuevos paradigmas con una visión distinta de trabajo y de organización. Es hora de asumir, en síntesis, las causas de los servidores públicos con un sentido auténtico de lucha y de sacrificio consecuente. Ese es el único modo de alcanzar una victoria segura y duradera.
El autor es el actual secretario general de la Asociación de Empleados de la Universidad de Panamá (Aseupa).
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