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Reportaje especial
Panamá, miércoles 8 de agosto de 2007
 

HAY QUE AYUDAR AL ONCOLÓGICO.

Por la vida

Magela Cabrera Arias

Atravieso las calles de la ciudad, campo de batalla que desborda apuro, frivolidad, indiferencia y agresividad, y llego al Instituto Oncológico Nacional (ION) que emerge imponente en medio de una alfombra verde adornada con árboles centenarios en las faldas del cerro Ancón. Es una hermosa mañana de julio, atravieso las puertas del ION y luego de disipar tanta mala cara y mediocridad tan común en lo cotidiano, me reconforto al ver a los que atienden a los enfermos con una actitud que dignifica la existencia humana. Así entro en un mundo cuya realidad social es poco conocida: salas de espera inundadas de gente desbordan actividad, miradas nostálgicas, luminosas, tristes, temerosas o esperanzadas; pero todas escondidas tras una sonrisa tímida, teñida con el velo del temor a la muerte.

Lo más evidente es el enorme poder de una enfermedad como el cáncer que tiene la virtud -siempre es posible encontrar el lado- de desplegar las partes más sensibles de las personas. Enfermos, familiares, técnicos, médicos y enfermeras conocen a fondo una situación multifacética: la muerte nos iguala a todos y el poder imparable de la esperanza y el amor como sustento de vida.

Las paredes exhiben paisajes y fotografías que invitan a la paz espiritual. El decorado al igual que el avanzado equipo médico especializado -tomografía computarizada, aceleradores lineales, aparato para biopsias, mamógrafos y otros- ha sido conseguido con mucho esfuerzo. Regido por un patronato con personería jurídica y patrimonio propio, el ION funciona según la Ley 11 de 1984 con fondos diversos: Gobierno Central, Caja de Seguro Social y donaciones privadas. No obstante, su combate contra el cáncer es muy difícil por el limitado presupuesto y la falta de planificación integral para enfrentar una enfermedad que es la primera causa de muerte en Panamá y cuyo tratamiento es muy costoso.

Lo habitual es la calidez en el trato y el buen humor del personal del ION cuyo nivel de espontaneidad y veracidad resulta sorprendente. En Quimioterapia: Miss Marcia, Isabel, Inés, Carmen y las dos Marías; en Radioterapia: Kendra, Manuel, Ismael, Víctor, Jasmina, Damaris y Karin; además, por supuesto, de sus dedicados doctores: López, Cebamanos, Araúz y tantos otros que hacen más que honor a su juramento hipocrático y que superando inconvenientes, logran no solo cumplir con sus deberes, sino además alegrar una situación -indudablemente penosa- a los que por allí debemos transitar.

La demanda por servicios de imagenología, mamografías, medicamentos y tratamientos de quimio y radioterapia supera ampliamente la capacidad del ION que recibe unos 60 mil pacientes por año, lo que incluye unos 4 mil casos nuevos de los cuales casi un 50% fallece. La situación es dramática por la escasez de cirujanos, médicos oncólogos, radiólogos y enfermeras especializadas; todos ellos héroes que hacen una labor que necesita de mucho más personal.

En las salas de espera abarrotadas de gente se escuchan historias que nos llevan a traspasar los límites de nuestra propia vida para penetrar en la del prójimo e identificarnos con dudas, temores, desconsuelos y experiencias extraordinarias que de alguna manera preservan la esperanza, tan propia de los seres humanos.

Una madre habla de su niño de 13 años, bendiciendo a toda la gente del ION. Cuenta cómo gracias a una intervención oportuna, ahora el chico se recupera de la cirugía y sueña con volverse a su casa, allá en Macaracas. No siempre se está a tiempo, dice una mujer joven que recibe quimioterapia para controlar el cáncer que se aloja en su útero, impidiéndole tener hijos. Con la cara colorada, un hombre cuarentón con sombrero a la pedrada, aclara que su mujer insistió tanto para que se hiciese ese molesto examen que revela el cáncer de próstata, que pudo ser descubierto a tiempo, salvándole así la vida. Un 90% de las variedades de cáncer pueden ser curados si se encuentran oportunamente y los pacientes reciben la atención adecuada.

El aroma del café anuncia a las voluntarias de la Asociación de Amigos y Voluntarios del Oncológico (Adavion) quienes reparten bebidas, panecillos y sonrisas genuinas. El voluntariado también es la base de otras organizaciones como: Asociación de Pacientes de Quiomiterapia (Asonapaq), Asociación de niños con Leucemia y Cáncer (Fanlyc), Casa MAUSI -que hospeda a familiares que provienen del interior del país- y Asociación Nacional Contra el Cáncer (Ansec), que están organizadas para ayudar, de distintas maneras, a los pacientes de esta enfermedad.

A pesar del enorme esfuerzo de todas ellas, el ION necesita más personal y gente generosa que contribuya con su trabajo voluntario o sus donaciones para continúe salvaguardando la vida.

Luego de una experiencia en el ION nos queda clara la conciencia de nuestra propia finitud, como dijo Salvatore Cuasimodo: "Cada uno está solo en el corazón de la tierra, traspasado por un rayo de sol: y enseguida atardece".

La autora es arquitecta



 
 
 
 
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