| NUEVAS LICENCIAS.
Tontos de remate, pero muy útiles
Iván W. De La Cruz
Hay algo sumamente malo y preocupante en la conciencia nacional de nuestro pobre pueblo panameño, representado por las grandes mayorías más humildes y la clase media profesional, que permite un vergonzoso comportamiento social muy tímido y sumiso ante el avasallamiento y humillaciones diarias a las que nos tienen sumido permanentemente, los poderes dominantes políticos y económicos que procuran siempre sin ninguna duda sacar la mayor ganancia económica en todas sus actuaciones.
Si mi memoria no me falla, creo que durante el período del licenciado Carlos Harris fue que salió publicado, en algún medio escrito, que la ATTT era quizás una de las instituciones más corruptas del país en función del manejo de los cupos del transporte, la existencia de tráfico de influencia y negociados en relación con las licencias, boletas y otras bellezas. Nunca se habló durante esa época, ni antes, de que uno de los problemas más graves de esta institución fuera la falsificación de las licencias de conducir.
Sin embargo, inmediatamente dado el cambio de gobierno en el año de 2004, se ha venido vendiendo a través de todos los medios constantemente, la todavía controversial idea de que era irremediablemente necesario sustituir las licencias de conducir, fundamentalmente porque el problema de la falsificación produce consecuencias tan terribles que hace obligatorio el uso de nuevas tecnologías tendientes a evitar semejante calamidad.
Personalmente debo confesar que nunca me convenció tal argumento, pienso que quizás a muchos otros panameños tampoco, por considerarlo increíblemente ingenuo y significaba un costo innecesario, inconveniente e inoportuno dada las otras grandes necesidades que tiene el país en los sectores de salud y educación principalmente. Me parecía una idea tan descabellada y pueril que sentí que no podía de ninguna manera concretarse por ilógica.
El tiempo se ha encargado de demostrar lo equivocado de mi discernimiento y en estos momentos este absurdo proyecto está en marcha.
Lo irracional de este proyecto se está demostrando a través de los medios, día a día, desde el 23 de julio pasado en las imágenes de un proceso desordenado, lleno de improvisaciones, donde someten al pueblo panameño a largas y tediosas filas para lograr una nueva licencia que, a mi juicio, no contribuirá en nada a mejorar al eficiencia de la ATTT ni eliminar focos de corrupción, pero que sí significará mayores costos y malestar a la ciudadanía en el futuro.
La cantidad de horas/hombre de la ciudadanía que se está invirtiendo en esta malsana medida debe ser tan astronómica que el despilfarro que representa debería mover a la conciencia de los panameños a un absoluto rechazo; sin embargo, pareciera que somos tan inconscientes que no reaccionamos y nos hemos sometido mansamente a este nuevo martirio social.
Debo manifestar, aunque pueda estar equivocado, que este comportamiento mostrado por el pueblo panameño ante tan absurdo cambio de licencias de conducir, me parece verdaderamente motivo de vergüenza para todos por ser muestra de que somos tontos de remate.
Más que someternos deberíamos mostrar mas dignidad rechazándolo rotundamente y públicamente.
El autor es ciudadano panameño
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