La Autoridad del Tránsito y Transporte Terrestre atraviesa otro difícil episodio que deja entrever serios problemas de organización y eficiencia administrativa. Por un lado, el proceso de digitalización de las licencias –cuyas bondades son incuestionables– se ha convertido en un gran dolor de cabeza para cientos de personas que han sido víctimas de una deficiente organización, así como de la precaria divulgación por parte de la ATTT.
Por otro lado, la llamada zonificación del servicio de transporte selectivo –taxis– aprobada recientemente es tan confusa, que ni siquiera los propios transportistas logran comprenderla, por lo que nada garantiza que al usuario se le cobrará de acuerdo con esta. Y es que la ATTT es una gran papa caliente que, además, es responsable del desorden del tráfico vehicular en las calles del país y la anarquía imperante en el transporte colectivo.
Todo esto bajo la batuta de un "director encargado" cuya temporalidad esta próxima a cumplir el primer aniversario, sin resultados efectivos. Y las consecuencias, por supuesto, las sufrimos los usuarios. |