| INJUSTICIA E IRRESPETO PARA CON LOS ESTUDIANTES.
Del tal docente, tal alumno
Judith Torres
Por todos es sabido que los estudiantes son, ante todo, "clientes". Barata o no, la educación universitaria no es gratuita. El estatuto universitario, que rige las relaciones de todo el recurso humano de la Universidad de Panamá, tiene incongruencias que justifican la injusticia y el irrespeto hacia los estudiantes. Aclaro, no generalizo, las excepciones no deben sentirse aludidas. Con respecto a los estudiantes, los profesores desconocen sus "deberes", pero conocen a cabalidad sus derechos, que bien llamaría "prebendas". Los directores y/o decanos (jefes inmediatos), no les demandan su trabajo, ni lo fiscalizan y este alcahueteo permisivo, les provee la libertad para: Ausentarse sin previo aviso, sin explicaciones al regresar de su ausencia; llegar siempre tarde a sus clases y dar por terminada la clase varios minutos antes; sustraer horas de clases de su horario semanal (de cuatro horas, sólo dan dos); obligan a los estudiantes a dar clases fuera del horario suministrado por la Universidad, amenazándonos con descontar puntos o hasta notas, sólo para aparentar que son los que más enseñan; imparten material obsoleto, desactualizado; no llevan sus herramientas para dictar las clases e improvisan y al momento de los "parciales", nos dicen: ‘ustedes deben ser autodidactas, vean a ver qué hacen’, de ser eso 100% efectivo, no existirían docentes; en sus exámenes preguntan lo que no enseñan, ni compete a la cátedra -no hablo de cuestiones ortográficas o gramaticales-; no enseñan la materia correspondiente (debe dar Panamá en el Mundo Americano, pero enseña Relaciones de Panamá con los EU).
Hay peores irrespetos a los que no haré comentario, por respeto a los docentes dignos que comparten el mismo lugar de trabajo.
En trámites como reclamos de nota, que no son culpa de los estudiantes, es este último el que tiene que subir y bajar escaleras, pagar formularios y recibos; la mayoría de estos casos se solucionan más rápidamente repitiendo la materia, aunque no hayas fracasado. Los administrativos no dan las indicaciones completas de los pasos a seguir y generalmente son groseros.
Para evaluar a los docentes, lo hacen por imposición; un grupo a un solo docente, una vez al año o semestre (todos no son evaluados). El formulario de evaluación no se ajusta a las necesidades de las diferentes escuelas que integran a cada facultad y carece de mecanismos para denunciar delitos de docentes contra los estudiantes (no se puede denunciar, si no se tiene el apoyo de las asociaciones estudiantiles. Recuerda: caimán no come caimán).
Las deserciones de estudiantes que han terminado materias en su mayoría se debe a que los docentes desconocen el proceso de investigación para realizar y asesorar trabajos de graduación. Esto es inconcebible, porque un docente universitario debe haber hecho, por lo menos, tres tesis (licenciatura, profesorado, postgrado). Si no saben, ¿será que las compraron? Si los docentes tienen estos comportamientos, ¿cómo quieren que haya excelencia y competencia en los egresados? Muchos estudiantes, desesperados, no hallan profesores que quieran asesorarles el trabajo de graduación y optan por comprarlo, ¿a quién se lo compran? A docentes a quienes la avaricia los ha corrompido y han capitalizado esta situación para obtener dividendos. Cuando la Universidad quiere plata, somos clientes, cuando no, somos sus subordinados; somos tratados como menores de edad que estudian en secundaria. Si no mira cómo te llaman para que, por ejemplo, canceles el diplomado que ya cancelaste.
Nunca te llaman para anunciarte algo que te convenga como estudiante, sólo lo que a ellos les conviene.
La autora es estudiante graduanda de Educación Física de la Universidad de Panamá
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