| PANAMÁ ESTÁ DE MODA.
La ciudad del AutoCad…
Daniel R. Pichel
dpichel@cardiologos.com
Panamá es una ciudad maravillosa. Contamos con un clima envidiable, unas playas paradisíacas, una ciudad cosmopolita y moderna, una gente en esencia buena, una economía bastante estable y una asamblea… perdón, esto último fue un error que no iba en este párrafo…
Bromas aparte, tenemos muchas cosas para estar orgullosos. Y además… ¡estamos de moda! Revistas de turismo, viajes e inversiones de todo el mundo dedican espacios a Panamá. La campaña del Ipat de "la ruta por descubrir", el desarrollo de Copa Airlines con su enlace (que ahora llaman "hub") en Tocumen, el ensanche del Canal, la Ciudad del Saber, nuestra interesante oferta gastronómica, nuestra riquísima flora y fauna, la seguridad de que se goza que sigue siendo más que en otras ciudades del mundo y que la sensación de estabilidad política, favorecen que muchos se fijen en nosotros.
Si a esto sumamos la violencia en Colombia, la desquiciada política de Hugo Chávez en Venezuela y que para muchos norteamericanos (principalmente jubilados) Panamá es una ciudad sin frío, con servicios médicos y hospitalarios más baratos que en Estados Unidos y con la posibilidad de conseguir servicios domésticos a precios accesibles, pues cada vez más personas se interesan en el país como opción para vivir.
Y allí comienza el problema. Inicialmente se limitaba a las tierras altas de Chiriquí y a algunos lugares del interior por el excelente precio de la tierra (comparado con sitios equivalentes en otros lugares). Muchos prefieren a Panamá sobre otras ciudades centroamericanas porque es más moderna, hay mejores conexiones para viajar a Estados Unidos y contamos con facilidades parecidas a las que ellos están acostumbrados. "Por esto y muchas cosas más" se dispara la burbuja inmobiliaria.
Esta migración hacia nuestra capital, junto con la ya tradicional gula financiera de nuestros empresarios, es el origen del problema que comienza a hacer crisis. La gran demanda de viviendas de alto nivel origina un nuevo mercado que repentinamente llega a la ciudad y el cual se resuelve construyendo más y más proyectos residenciales en parte por la existencia de la ley que exonera de impuesto de inmueble a las viviendas nuevas, pero que no incentiva el mejoramiento de las propiedades existentes. A manera preventiva, quiero aclarar que sé perfectamente que la construcción no es algo malo (de hecho mi padre trabajó en eso toda su vida) y que sigue representando una excelente fuente para combatir el desempleo y generar riqueza. Pero, con esa supuesta excusa, no se debe destruir lo bueno que tiene nuestra ciudad. Me explico en más detalle.
La gran mayoría de estos proyectos son comercializados por computadora. Con los avances tecnológicos, se hace posible diseñar edificios y viviendas espectaculares que, con la ayuda de una cosa llamada AutoCad, pueden ser vistas mientras uno "camina" por sus pasillos, se asoma a sus balcones o lo admira desde una vista aérea. Según me han explicado, la "preventa" comienza con este esbozo electrónico sin que existan ni planos finales, ni estudios completos de suelo y estructura y mucho menos sin que se haya comenzado la construcción o se tengan al menos los correspondientes permisos. Basado en esto, los compradores (especialmente los que no conocen la ciudad) se enamoran del proyecto viendo ese mismo video digital que muestra una hermosa playa frente al departamento, estacionamientos amplios, frondosas áreas verdes, aceras anchas, calles despejadas y un sol radiante. Dudo que alguien utilice la tecnología digital para promover su proyecto demostrando cómo se ve una tormenta panameña desde un piso 58 en la Avenida Balboa o cómo se ven cinco carros bomba en una calle sin salida, tratando de apagar un incendio en el piso 35 de un condominio en Punta Pacífica.
El problema está en que ninguno de estos maravillosos programas tienen la posibilidad de agregar a la imagen el exquisito olor de nuestra bahía o del agua del Matasnillo al desembocar en la Avenida Balboa durante la marea baja en verano y el armonioso sonido de 14 "diablos rojos" en un tranque en la parada delante de la entrada del condominio. O sea, que quienes compran están equivocados cuando creen que podrán bajar de su departamento en traje de baño y chancletas y que, al cruzar la Ave. Balboa, estarán en una hermosa playa como si vivieran en Copacabana.
De este tipo de propaganda tan conveniente surgen opiniones como la expresada en la página web de la Asociación de Usuarios de Servicios Financieros de España, donde se habla del gran "fraude de publicidad inmobiliaria" que representa Panama City [sic]. Si se lee el artículo es evidente que trata de afectar la imagen de nuestro país y que quien lo escribe pudiera tener intereses en otras plazas inmobiliarias. Ahora, al margen de que el reportero tenga otras intenciones, debemos ser honestos y reconocer que mucho de lo que dice es totalmente cierto.
Ante esta demanda desenfrenada, los precios suben y suben, creando una oferta ajena a la capacidad de compra de quienes vivimos en Panamá (de hecho la propaganda y los nombres son todos en inglés como Pacific Point, Ice Tower, Trump Tower, Ocean Front, The Paramount, Hill Tower, Serenity at the Bay, The Landmark, Waterview y quién sabe cuantos otros). Asimismo, los servicios, productos de consumo y el transporte disparan sus precios generando una inflación a la que los panameños no estamos acostumbrados.
Pero ocurre otro fenómeno mucho más preocupante. Como la oferta y la demanda se ajustan sin pedir permiso, los precios de los materiales y mano de obra de la construcción han comenzado a subir ocasionando la cancelación de varios proyectos con perjuicios económicos para quienes habían comprado en preventa. Y que se les reconozcan intereses no sirve para recuperar la credibilidad internacional del país como sitio "donde se respeta la inversión extranjera".
Entonces… ¿quién tiene la culpa?... pues es compartida. Por un lado los promotores que siguen vendiendo sueños digitales con tal de ganar dinero (si los padres de la patria venden áreas protegidas, ¿que esperar de los demás?), los compradores que invierten sin conocer realmente las condiciones de lo que compran y el Gobierno que cambia zonificaciones y modifica reglamentos evitando implementar medidas para controlar esta absurda burbuja inmobiliaria la cual, cuando explote, nos salpicará a todos. Y tengamos claro que, mientras algo como el AutoCad siga siendo un elemento determinante de nuestro desarrollo, en lugar de la educación y la legalidad, estamos en serios problemas.
El autor es médico
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