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Panamá, domingo 5 de agosto de 2007
 

ÉXODO RURAL.

Hacia un verdadero cambio urbano

Paulino Romero C.

La urbanización en Panamá, como en los demás países de América Latina y el Caribe, es producto de una situación real: "aumento de la población y suerte de la agricultura". El fenómeno del éxodo rural se produce tanto si la producción es buena o mala. Lo cierto es que la ciudad constituye un poderoso atractivo refugio para los campesinos. Y esto se debe, en mucho, al crecimiento urbano de nuestras pequeñas y grandes ciudades. No es posible, por tanto, concebir un verdadero cambio social urbano sin antes aplicar los principios básicos del proceso de la planificación, porque la planificación es el medio para impulsar y orientar el cambio e instrumento óptimo para adoptar medidas inteligentes.

En ese sentido, podemos entender el cambio social como el tránsito de una situación tradicional a una modernizante. Identifiquemos, como ejemplo, cada una de ellas: la situación tradicional se caracteriza por los siguientes elementos: limitada división del trabajo; concentración del poder en pequeños grupos; rígidas estructuras de clases, predominio de la tradición; marcos rígidos que regulan la conducta humana; ausencia de participación de la comunidad en las decisiones que le conciernen; resistencia a lo nuevo; influencia política en el otorgamiento de trabajos; actitud paternalista de los "dirigentes"; desordenada acción estatal inspirada en presiones de pequeños grupos; exagerado afán de lucro y falta de sentido empresarial; rechazo de métodos nuevos de producción, circulación y distribución de la riqueza; actividad económica dedicada a uno o pocos artículos; carencia de planificación nacional; baja productividad; estructuras anacrónicas; asistencia social para grupos privilegiados; reducida inversión; burocracia ineficiente; consulta electoral ocasional con ausencia de participación efectiva; marginalidad creciente en ciertos grupos humanos; actitud "caritativa" del sector privado; escepticismo respecto a las posibilidades de cambio; divorcio de intereses urbano-rurales; privación en el consumo de parte de muchos habitantes urbanos marginados.

La situación modernizante, de su lado, se caracteriza por: intervención del Estado en el desarrollo social integral; justicia igual para todos; no hay paternalismo; existe justa distribución del ingreso y racional tenencia de la tierra; adecuada organización del mercado; diversificación de la economía; especialización de la mano de obra y división del trabajo; oportunidad y participación popular en la toma de decisiones; burocracia eficiente; sector privado participante en el logro de metas y planes de desarrollo; integración social y nacional; liderazgo efectivo; organización sindical constructiva; sistemas crediticios eficientes; planificación científica e integral.

En el proceso de cambio social urbano también hay que tener en cuenta la "estratificación social urbana", la cual se basa en diferencias en ocupación y nivel económico, se fortalece por las costumbres y la educación y se consolida por la ubicación de las familias en diferentes sectores residenciales. Esto permite conocer la situación social de la clase alta, la clase media, la clase obrera, los inmigrantes, los grupos marginados, etc. Importan mucho los grupos marginados, porque constituyen poderoso instrumento de cambio. Así, existen en nuestros centros urbanos grandes grupos humanos que viven de alguna manera y sus escasos ingresos lo obtienen en cualquier forma: venta de periódicos, de lotería, lavado de automóviles, acarreo de mercaderías en los mercados, trabajos eventuales que les producen propinas, lavado de ropa, servicios domésticos, etc. En muchos casos, la inseguridad del ingreso hace que obliguen a sus hijos menores a llevar diariamente una determinada suma de dinero a casa, no importa cómo lo obtengan. Esto conduce a la prostitución, raterismo, venta de drogas y otros actos calificados como "antisociales".

Un género de vida como el descrito -que todavía es una realidad inocultable en nuestro medio- tiene necesariamente que preocupar a las autoridades de gobierno, como en efecto se da, pero urge que actúen con prontitud basados en planes viales de desarrollo a corto, mediano y largo plazo, a fin de erradicar todos estos males sociales en un periodo aproximado de diez años (2017).

El autor es pedagogo, escritor y diplomático



© 2007. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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