Con ganas de aventura, un grupo de excursionistas nos propusimos conocer el “Salto del Tigre” del río Piedras, en la costa arriba de Colón. Llegamos a medianoche al punto de partida y presenciamos dos constelaciones en el manto celestial; la Osa Mayor y la Cruz del Sur. Esa noche, al arrullo del río, unos sordos relinchos dificultaron nuestro sueño. La madrugada reveló la causa de nuestros desvelos: un recién nacido potrillo saltaba alegre alrededor de su extenuada madre, y creímos justo bautizar al pequeño “Cruz del Sur” y a su madre, honrarla como “Osa Mayor”.
Luego de cruzar las frías aguas del río Piedras, subimos por el espinazo de una larga cordillera donde abundan los helechos. Dos águilas de blanco plumaje nos mostraron el inmenso y azul mar Caribe plagado de veleros y buques tanqueros.
Después sobrevino el agotamiento por la humedad y el sol, que nos pasaron la factura, y nos tiramos en la bifurcación que algunos llaman del Jaguar.
Todavía recuerdo ese casual, pero inolvidable encuentro entre un jaguar y un excursionista en ese cruce, y recordé las palabras de Jacinto (un peón que ha andado estas selvas): “los tigres han matao ya a tres…”. El rugido del salto nos devolvió las fuerzas y reanudamos la marcha hasta un claro donde una vez hubo un rancho que ahora ha sido devorado por la selva. Montamos campamento en aquel reducido claro y nos largamos cuesta abajo buscando la cascada.
Entonces surgió majestuoso, bullicioso y limpio, el salto con su pesada carga de agua que se precipita 40 metros a un gran pozo oscuro rodeado de grandes y esmeriladas piedras. Un arco iris se deshacía en la cortina de agua cuando llegamos y en un santiamén nos zambullimos regocijados. AJ (un italiano osado) nos pegó el susto de nuestras vidas cuando lo vimos lanzarse al vacío desde lo alto del acantilado, finalizando con una estruendosa caída.
Al rato escalamos el acantilado y dimos con otra hermosa cascada (de unos 8 m). La alegría nos duró poco cuando un ave rapaz (¿gavilán?) nos atacó. Y razones tenía: su polluelo estaba expuesto sobre el acantilado. Su madre nos mantuvo a raya hasta que decidimos alejarnos. Horas enteras disfrutamos con un bote inflable al pie de la cascada hasta que el sol se cansó.
La noche se desplomó rápido y trajo consigo una legión de luciérnagas y cocuyos que alumbró el campamento a ratos.
Caímos redondos de cansancio, hasta que fuertes pisadas y jadeos rondaron las carpas, y recordé otra vez al ominoso Jacinto cuando me dijo, “allá arriba vive un gigante” (¿se tratará de algún Pie Grande?). En la madrugada se desató una lluvia tropical que anegó las carpas y los monos aulladores disputaban algo muy serio por el escándalo que montaron y que fue aplacado por la caída de una gran rama a lo lejos. Cuando el sol pudo meterse a la fuerza al sitio de acampar, un negro y humeante café nos devolvió el alma. Por los linderos del desbaratado rancho vi las huellas de un animal pequeño (no eran de jaguar) y lamenté no poder identificarlo y pensé, “son de Pie Pequeño…” . Levantamos campamento, nos tomamos la foto de rigor (todos juntos) y al poco rato bajábamos por la misma cordillera, dejando atrás el salto, los monos, los jaguares, y a “Big Foot” (y los persistentes demonios de Jacinto).
QUÉ LLEVAR
-Botas con tracción.
-Tienda de campaña, bolsa de dormir y cubierta plástica
-Muda de ropa adicional y gorra
-Comida ligera
-Mucha agua
-Repelente, protector solar
-Cámara fotográfica o digital
CÓMO LLEGAR.
-Tome un bus de Portobelo y baje en la entrada al Canopy Adrenalina, después de María Chiquita.
-Siga la calle de piedras que bordea el río Piedras.
-Cuando vea la única tienda, llegó hasta el Sr. Andrade. Con él puede conseguir un guía.
-Si prefiere, contacte a SelvAventuras (selvaventuras@hotmail.com) Tel. 6680-5309.
Pies de fotos
- El chorro de agua con su pesada carga de agua se precipita 40 metros a un gran pozo oscuro.
- En la ruta de helechos.