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Panamá, domingo 5 de agosto de 2007
 
Actualidad
Sociedad
El oro antes de Saladino
 
El pesista que hace 36 años se convirtió en el segundo panameño en obtener una medalla de oro en los Juegos Panamericanos, nunca se alejó del mundo de las pesas. Este año participó en el torneo internacional como árbitro. 
 
ROXANA MUÑOZ 
mosaico@prensa.com 
 
Tres panameños se han colgado el oro en los Juegos Panamericanos. El primero: el pesista ya fallecido Carlos Chávez, en 1955. El último: Irving Saladino, hace 13 días, en el salto largo.

En el medio lo hizo Idelfonso Lee en 1971, 36 años atrás. Foncho, como le dicen sus pupilos, dejó de competir hace rato, pero nunca abandonó el mundo de la halterofilia. Hoy es dirigente deportivo, árbitro internacional y entrenador.

En el gimnasio del estadio Juan Demóstenes Arosemena, en Curundú, este señor al que nadie le cree que tiene 71 años, va de aquí para allá con paso rápido: trapea, barre, recoge los discos que los muchachos (“no hay remedio”) dejan mal puestos después de entrenar.

Al presidente de la Federación Panameña de Pesas desde 1976 no es fácil sacarle una sonrisa. No da demasiados detalles sobre el día en que ganó el oro en los Panamericanos, dice no recordar bien la fecha. Sabe que fue en junio y que la emoción de escuchar el himno de su país en el podio: “no se puede describir con palabras”. Su currículum habla por él: cinco medallas en Juegos Panamericanos. Seis preseas en los Juegos Bolivarianos y seis más en los Juegos Centroamericanos y del Caribe. Todos torneos del ciclo olímpico.

Victorias sin aplausos

Aroldo Lee, el hermano de Idelfonso, advierte que, en la halterofilia, quien triunfa es porque de verdad tiene vocación. “Aquí ni siquiera hay aplausos ni fanáticos que lo sigan a uno”.

Es verdad. El sábado 28 de julio, un grupo de muchachos de los que se entrenan en el Juan Demóstenes Arosemena, se había reunido para hacer un control, un tipo de competencia interna. Los rodeaban sus viejas máquinas, pósters con chicas guapas y con pesistas.

No había público, solo seis jóvenes competidores y viejos seguidores del mundo de las pesas, como Roberto Torres, quien hace 60 años empezó en el levantamiento.

Torres llama a uno de los pesistas: “ven para que hables con la periodista” y agrega mirándome. “Mire, este muchacho era bueno, pero ya está viejo”. La respuesta no tarda: “¡Je! Si yo estoy viejo cómo estará Foncho”, replica el joven veinteañero, quien en la competencia de ese día terminó de primero.

Idelfonso los oye, como si nada. Sigue de aquí para allá, anotando los nombres de los concursantes en la pizarra, dando instrucciones a los que se preparan para la prueba: “No repitan tanto en un mismo peso”.

Torres, más hablador, cuenta que él era muy delgado y que para mejorar su peso como atleta lo obligaban a comer hasta helado después del desayuno. “Yo no aguantaba... pero ahora, qué no como”.

Los pesistas no suelen ser enormes masas de músculos. La fuerza que les permite levantar 220 libras la ganan con disciplina, entrenamiento y una buena alimentación, que debe incluir vitaminas y recuperantes.

En este espacio debajo del estadio Juan Demóstenes Arosemena en Curundú hay ganas. Falta lo demás.

Nada parece nuevo, el óxido cubre el metal, hay asientos sin respaldar; dos espejos deteriorados, uno de ellos recostado a una silla de metal. Durante la entrevista Lee me pide que nos movamos a otra esquina porque algo le huele mal. Más tarde el lugar se llena con el olor a mentol del Cofal, ungüento para calmar el reclamo de los músculos sobreesforzados.

El campeón panameño cuenta que se graduó en el colegio Artes y Oficios como maestro de obras. Se licenció como arquitecto en la Universidad de Panamá.

De adolescente fue futbolista en varias ligas, hasta que descubrió, por sus amigos, un deporte que le permitía descollar por su esfuerzo propio. No dependía de un equipo ni del favor de un entrenador.

Durante 14 años consecutivos fue campeón nacional en la categoría de 60 kilos. Entre 1987 y 1991 obtuvo medallas de oro en campeonatos internacionales en la categoría máster (atletas después de los 40 años).

Lee siempre trajo medalla, pero en aquellos tiempos estos logros no eran tan resaltados por los medios de comunicación.

Al nivel

El deporte le ha dado mucho a Lee. Sin embargo, sabe que para sus muchachos es más difícil. Cuando la pesas se practicaban con discos de hierro, que muchas veces doblaban las barras, Panamá sobresalía. La prueba es que las dos primeras medallas de oro en Panamericanos fueron en halterofilia.

Ahora, cuando esos muchachos compiten afuera, se enteran de que en otros países los pesistas reciben becas, subvenciones... Aquí, sin grandes motivaciones, algunos más temprano que tarde dejan de entrenar. Pierden el interés o sus papás dicen, “ya está bueno de las pesas, póngase a estudiar”.

En los últimos Panamericanos en Brasil, Lee asistió como árbitro. Allí presenció que Cuba en la categoría masculina y Colombia en la femenina tienen la hegemonía en la región.

Los panameños tienen menos ventajas. Lo atestigua un viejo espejo en que los pesistas se miran mientras ejercitan para corregir la postura. “En otros países usan videos, acá nosotros tenemos este espejo y la retentiva de la cabeza”, me dice un pesista con una risa que termina en mueca.

 

 



© 2007. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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