La falta de criterios claros es uno de los talones de Aquiles del Gobierno. Ejemplar resultó ser la destitución del director del Sistema Penitenciario, quien, al omitir sus deberes como funcionario, permitió la construcción de celdas de lujo para reos de alta peligrosidad. La sanción revela un mensaje que poco deja a la interpretación.
Pero, de otro lado, el director del Servicio de Protección Institucional (SPI) fue enviado a su casa por 30 días, suspensión derivada del hecho que fue responsabilizado del descontrol de las unidades bajo su mando que le dieron una golpiza a las víctimas y familiares de los envenenamientos masivos de la Caja de Seguro Social, violando sus derechos humanos.
Este mensaje, en cambio, es irónico: al Gobierno le parece mucho más grave que un reo tenga baño y microondas que un agente bien entrenado golpee a una mujer o a un enfermo. Al cabo de la suspensión, para colmo, el director del SPI regresará a un puesto que tiene vedado por ley. Si en algo es consistente el Gobierno es en la inconsistencia.
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