| PESCA. Un oficio que pasa de generación en generación.
Río Hato, tierra de pescadores
Desde 1945 unos ocho sitios han servido para desarrollar la actividad pesquera en Río Hato.
La tradición de pescar se ha mantenido generación tras generación, a pesar de los cambios de desarrollo.
| ESPECIAL PARA LA PRENSA/Rafael Quezada |
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| MEDIO DE VIDA. En Farallón hay 200 personas que ponen la mesa diaria y mantienen a sus familias con lo que sacan del mar.890496 |
Rafael Quezada
RÍO HATO, Coclé
Pedro Lorenzo es un residente de Río Hato que se convirtió en pescador desde los 15 años de edad. Su humilde hogar lo estableció en la comunidad de Farallón, en donde ha criado a toda su familia con este oficio.
Es uno de los pescadores de más experiencia que aún practican la pesca, tomando su referencia de inicio en 1945. Lorenzo piensa que el rumbo que mostró la actividad pesquera hace 60 años ha variado mucho; aún así, asegura, Río Hato es un pueblo de pescadores.
Las herramientas de pesca –como botes y redes– identifican a las familias que se dedican a esta actividad. Tienen sus casas a la orilla de la desembocadura de los ríos y cerca de las playas que están en la costa del Pacífico coclesano.
Unas 200 personas se dedican a la actividad.
Muy lejos de pensar que la actividad pesquera tendría un significativo cambio tecnológico, Pedro recuerda que antes solo se pescaba con redes y cuerdas pues no había motores fuera de borda ni trasmallos. "La fuerza de los brazos, apoyados en los remos, empujaban los sencillos botes que recorrían cortas distancias en busca de pescado", dice.
Había abundancia de pescado y el trato a la gente era distinto; el producto se vendía a través de las conocidas amarras de pescado, que consistía en juntar dos pescados entrelazados, y venderlos secos y salados porque no había hielo ni envases. Su precio era de 10 centavos si era sierra, corvina, o pargo y 20 centavos cuatro cojinúas o jurel. Otros tipos conocidos hoy como el juanca, ñao-ñao, y la revoltura lo regalaban, mas no lo utilizaban.
Solo seis botes e igual cantidad de pescadores acompañaban a Pedro como trabajadores del mar en esa época.
Aunque se han notado cambios en la actividad, nunca he dejado a un lado el bote, los remos y las redes para convertirme en obrero de otro oficio.
En los años de 1960 se empezaron a armar los conocidos trasmallos, lo que fortaleció la actividad. Hoy unos 80 familias dependen de la pesca, solo en la comunidad de Farallón.
Diez años más tarde se fundó la cooperativa de pescadores de Río Hato con la ayuda del entonces general Omar Torrijos Herrera.
LA TRADICIÓN
La tradición puede perdurar por mucho tiempo, afirma Lorenzo, porque las viejas generaciones inculcan a sus retoños la brega en el mar.
"Prueba de ello lo tengo en mi propio hogar, donde Isabel, mi hija mayor, ha seguido mis pasos", asegura Lorenzo.
"Tenemos unos seis botes, y toda la herramienta necesaria para desarrollar la pesca artesanal; todo obtenido bajo el esfuerzo del trabajo y la dedicación", comenta su hija.
Rafael Bernal, a sus 68 años, no claudica y se muestra siempre animado para hacerse a la mar en su bote identificado como Virgen del Carmen. Allí, tres de sus sobrinos atienden los consejos y enseñanzas que les imparte sobre la pesca.
Felipe Torrero, de 24 años, uno de sus sobrinos, sostiene que la actividad pesquera es algo que nunca va a desaparecer en su lugar natal: Farallón. "Me gradué de perito en construcción y mira dónde estoy", dice mientras acomoda su bote antes de zarpar.
Mi padre es pescador y aunque el oficio está rodeado de peligro, creo que no lo abandonaré", afirma.
El turismo llega al poblado de Río Hato
El sector de Río Hato, conocido como la zona 4, atrae a muchos turistas. ¿Pero serán los anzuelos y las redes lo que estimula la llegada del turista? Quizás esto es parte del asunto, pero se complementa con las hermosas playas del sector y el ambiente natural que hay dentro de la provincia de Coclé, lo que se presta para desarrollar diferentes facetas del turismo.
Una cosa sí es cierta: el producto del mar es la fuente natural para preparar ricos platos que prefieren propios y extraños que llegan al lugar.
Unos cuatro locales brindan ese servicio muy cerca de las playas, más el servicio de restaurantes que ofrecen los hoteles del área.
Arturo Hernández, propietario del rancho Nueva Generación, en Farallón, es uno de los que atienden la demanda de solicitud de platillos del mar.
"Nuestra diferencia está en la preparación del producto. El pescado frito con patacones, entre otros, es el plato preferido de los clientes".
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