| EN PRO DE LA NIÑEZ.
Testamento
Richard Koster
Hace 20 años, cuando me provocó escribir sobre Panamá durante la dictadura, busqué un colaborador panameño. Había vivido aquí 30 años, suficiente para saber que hay cosas importantes sobre este país que uno no puede entender sin haber nacido panameño.
Sin embargo, y paradójicamente, los extranjeros que se están radicando aquí en batallones saben algo sobre Panamá que la clase política panameña parece ignorar: Panamá es uno de los mejores lugares en la tierra donde vivir, uno entre muy pocos.
Lo que más temen los pudientes de acá es perder la visa para ir a Miami. No se dan cuenta lo triste que serían si tuvieran que vivir allí. Mientras tanto, la estabilidad de Panamá está amenazada por la brecha creciente entre los que tienen y los que no, pero los que tienen muestran poca conciencia social.
Pero vamos a hablar de algo bueno, y de alguien que apreciaba Panamá y que tenía conciencia social. Se trata del señor Wilson Lucom, un norteamericano que vino aquí hace unos 10 ó 15 años y quedó víctima del embrujo que Panamá tiene.
Lucom nació pobre y se hizo multimillonario. Se casó dos veces, pero nunca tuvo hijos. Al venir a Panamá compró la Hacienda Santa Mónica de los herederos de Gilberto Arias Guardia. Hizo amistades coclesanas y llegó a conocer rincones como Tobaré y La Pintada. Le preocupaba la falta de oportunidad para jóvenes en el campo y el juegovivo de la política criolla. Se preocupaba por Panamá. Murió el año pasado a los 88 y dejó gran parte de su fortuna, es decir, muchos millones, a "los niños con necesidades en Panamá".
Así dice el testamento. Según lo que he podido averiguar, es el legado más grande para una obra de caridad en la historia del país.
El testamento establece una fundación para recibir y administrar los fondos. La Corte ha nombrado a Rubén Darío Carles como administrador judicial, una persona experimentada en manejar fondos con probidad. Él y el albacea conversan con organismos reconocidos de caridad con el fin de desarrollar programas prácticos para realizar los deseos del benefactor. Consultan también con monseñor Rómulo Emiliani, quien ve el proyecto con gran entusiasmo. El ministro de Educación también ha mostrado interés.
Gran parte de los fondos de la fundación vendrá de la venta de Santa Mónica. Así lo estipula el testamento. La finca se extiende de Río Hato a Juan Hombrón y de la carretera Interamericana hasta el mar. Los desarrollistas la quieren para un parque turístico. Es decir, el testamento ayudará directamente al mejorar el porvenir de sus legados, e indirectamente a crear empleos en Coclé.
Imagino que Wilson Lucom, conscientemente o no, veía en "los niños con necesidades en Panamá" a los hijos que nunca tuvo de su propia sangre. Me pregunto si él se dio cuenta, además, que, al regalar su fortuna a esos niños, mejoraba la vida de todos los que vivimos en el istmo, y de muchos no nacidos todavía. Gracias a su testamento tendremos más ciudadanos responsables entre nosotros, y menos delincuentes. Más importante aún, habrá más esperanza y menos ira.
Además, el futuro dura mucho tiempo. Es siempre posible que el testamento de Lucom sirva de ejemplo para otros y que actuaciones como la de él, se repitan en Panamá.
El autor es escritor
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