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Reportaje especial
Panamá, martes 31 de julio de 2007
 

CRÓNICA.unas cuatro horas de charla con los hombres que controlan el tapón de darién.

ENCUENTRO CON EL FRENTE 57 DE LAS FARC
Feudo guerrillero en la frontera

Leídos, informados y bien alimentados, los comandantes de las FARC dicen no estar acorralados. Los guerrilleros aseguran no ser narcotraficantes, aunque obtienen un ‘impuesto’ del negocio.

ESPECIAL PARA LA PRENSA/Paco Gómez Nadal
TRANQUILOS. Los guerrilleros del Frente 57 de las FARC se mueven tranquilos por estas regiones selváticas. No siempre van uniformados, aunque el arma nunca queda lejos.887789
Paco Gómez Nadal
[email protected]

La barba recortada del comandante Gilberto, también alias Becerro, parece salida de un salón de belleza urbano y no de esta manigua inclemente. Camina enfundado en un uniforme impecable, con el revolver envuelto en una bolsa plástica negra colgando del chaleco de combate –"ya sabe que en este Chocó hay que embolsar todo"–, un pañuelo al cuello que lo identifica como miembro del Bloque José María Córdoba de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y botas pantaneras (de caucho).

Becerro es un paisa (antioqueño) alto, de buenos modales, acento cerrado y con 14 años de "lucha revolucionaria" en las montañas de Colombia. A pocos metros se mantiene todo el tiempo, silencioso, el comandante Eduard, quien, según los civiles sorprendidos por la presencia del mismísimo Becerro en esta zona, hace los efectos de lugarteniente y guardaespaldas del máximo responsable del Frente 57.

El político

Para comenzar la charla solo falta el comandante Pablo, originario de la costa atlántica colombiana y enviado a esta difícil frontera "para poner orden", según un conocedor a profundidad de la situación del conflicto armado en el Chocó, el departamento más pobre de toda Colombia. En algún lugar de esta selva enmarañada se encuentran los comandantes Benkos, hermano de Pablo, y Sylver, uno de los más temidos de la región.

"Disculpe a Sylver, él quería estar aquí pero está algo indispuesto", se excusa Becerro justo cuando se escucha el motor del bote que trae al punto de encuentro al comandante Pablo. Sube corriendo la loma de barro que lo separa de nosotros, saluda y regresa al río a bañarse junto a dos mujeres guerrilleras que lavan ropa. Refrescado, Pablo se pone la ropa militar que, según quienes lo conocen, no viste habitualmente. Poco combina el pantalón de camuflaje con sus gafas azules contra la presbicia y la libreta colegial donde toma nota de casi todo.

La reunión se produce bajo el precario techo de una escuelita rancho en una comunidad indígena donde no sobreviven más de 80 emberá dóbida (emberá de río) que miran con una mezcla de costumbre y desinterés el movimiento de guerrilleros entre sus tambos. Los pobres entre los pobres rodeados –como en un emparedado siniestro– por el conflicto armado y sus consecuencias.

‘NADA CONTRA USTEDES’

ESPECIAL PARA LA PRENSA/Paco Gómez Nadal
EL EMPAREDADO. Las comunidades indígenas viven arrinconadas en las cabeceras de los ríos.

"La política de nuestra organización y del secretariado [del Estado Mayor de las FARC] es no interferir en Panamá y eso incluye no tener enfrentamientos con la policía fronteriza", explica el comandante Pablo. Reconocen, eso sí, que cruzan la frontera permanentemente, que la selva hace de esta línea un colador por el que moverse es fácil.

>>> Algunos dicen que Panamá se ha convertido en su balneario, el lugar para descansar, que por eso ustedes evitan ahora los choques…

Los tres comandantes ríen al tiempo y, sin asentir, no niegan la afirmación. Segundos después matizan… "Mire, claro que cruzamos, pero nuestro interés es respetar a Panamá. No tenemos nada en contra de su país y en el pasado nos equivocamos con ustedes". Becerro califica de "fallas" de su frente lo que antes el comandante Pablo había considerado como "malentendidos".

>>> ¿Incluido el secuestro de dos españoles cerca de Jaqué?

"Sí, sí… mire eso fue una embarrada [error], una mala información, una confusión. Pero hicimos las averiguaciones necesarias y en cuanto se dieron las condiciones los liberamos [el 7 de abril de 2006 tras 76 días de cautiverio]", continúa Pablo para después hablar del hermanamiento de las FARC con Latinoamérica y de cómo su enemigo es interno, no externo, si se exceptúa a Estados Unidos.

FRONTERA CALIENTE

Una realidad se impone respecto a la verde frontera: "Está muy caliente". Dicen los comandantes guerrilleros que negar lo evidente no es razonable. Es decir, no pueden ocultar lo que todos saben: que por la frontera con Panamá entran armas, sale cocaína y se producen todo tipo de movimientos y transacciones ilegales.

Los descargos llegan enseguida: "Nosotros no somos policía antinarcóticos. La gente cultiva coca por necesidad y las FARC solo cobran el impuesto de gramaje a quienes compran esa coca", asegura Becerro.

>>> ¿Ustedes no trafican, no tienen relación con el tráfico de droga hacia Panamá?

Nosotros no tenemos vínculos con el narcotráfico, no nos mezclamos con eso.

Las afirmaciones de los guerrilleros son la otra cara de la luna respecto a los informes del Gobierno colombiano y de Estados Unidos, que señalan a las FARC como una de las organizaciones que controlan el tráfico ilícito.

Los testigos involuntarios de la actividad guerrillera, los civiles, no responden a ninguna pregunta al respecto. El silencio salva vidas en estas tierras, aunque no es garantía de casi nada. En silencio pasan las horas acá. Frente al río. Con un juego de dominó mueco de fichas. Con un cigarrillo compartido. Con el silencio que impone la casi constante lluvia. En ese silencio solo roto por las motosierras que cortan la madera de abarco que mal alimenta a los indígenas y por los gritos divertidos de los niños que convierten el insoportable barro en parque de atracciones, mientras las niñas dan mil y una vueltas al molinillo de donde nacen galones y galones de la chicha de maíz que los malnutre.

MÁS GUERRILLA

Según los líderes del Frente 57, han regresado "a la guerra de guerrillas" por dos razones fundamentales. La primera es la mayor capacidad de operación del Ejército colombiano gracias a la financiación y entrenamiento llegados desde Washington.

De hecho, a unas siete u ocho horas del punto donde nos encontramos, cientos de soldados de infantería y policías se acantonan en las cabeceras de los pueblos en un despliegue militar novedoso en el Chocó, pero poco efectivo.

Los habitantes civiles cuentan entre susurros y tragos de biche (un endiablado ron casero de gradación medicinal), cómo hace unas semanas la guerrilla cruzó el Atrato –el estratégico río que articula este departamento– con varios cientos de hombres sin despertar sospechas ni los motores de las lanchas rápidas del ejército. Los comandantes guerrilleros confirman el hecho y disfrutan de la pequeña victoria. "¡Y juran que controlan el Atrato!", salta Becerro orgulloso de la operación.

Los guerrilleros están convencidos de que la costosa presencia militar no es para acabar con las FARC, sino "para proteger las inversiones en megaproyectos económicos en la zona" en acuerdo con los paramilitares –"dos caras del enemigo, la legal y la ilegal"–.

NO TOCAR A CIVILES

La segunda razón de este modus operandi "más clandestino" se debería a una decisión estratégica de "evitar víctimas civiles" en la guerra.

Lo dice Pablo, comandante del frente responsable de la mayor matanza de civiles en esta guerra prolongada y cargada de masacres para no olvidar. El 2 de mayo de 2002, varios frentes del Bloque José María Córdoba combatían con centenares de paramilitares del Bloque Élmer Cárdenas de las Autodefensas Unidas de Colombia en las calles de Bellavista, municipio de Bojayá (Chocó). El lanzamiento fallido de un tanque de gas convertido en arma no convencional contra un puñado de "paras", terminó con la muerte de 119 civiles que se habían refugiado en el templo católico.

"Ese accidente nos hizo reflexionar", continúa Pablo, "sirvió para reafirmar que no hay que tocar a la población civil".

Las "reflexiones" de Pablo no acaban ahí. Sus palabras las adereza con nombres de autores de moda, con críticas a Francis Fukuyama y "a los que se comieron el cuento de El fin de la historia" o con referencias a la coyuntura latinoamericana. La misma que, según confirma la sonrisa de Becerro y Pablo, les ha dado "un aire".

"Es cierto que después del fracaso de las negociaciones con [el ex presidente Andrés] Pastrana nuestra imagen internacional bajó, pero ahora somos una alternativa y una referencia en esta Latinoamérica que se ha dado cuenta de que sí hay alternativas al capitalismo. Hemos retomado el espacio internacional".

SECUESTRO Y NEGOCIACIONES

El oxígeno que sienten fuera –aceptan que, en buena medida, a la Venezuela de Chávez– contrasta con la asfixia interna por la "política mediática colombiana aliada del uribismo". En esa guerra informativa, el peor enemigo de las FARC es hijo propio: el secuestro.

"El problema –explica Becerro– es que el Gobierno ha metido todo en el mismo saco". Para estos guerrilleros, los policías y militares en su poder son "presos de guerra", no secuestrados. Los políticos que mantienen cautivos son "retenidos como prisioneros con valor político, son secuestrados entre comillas". El resto, los que sí reconocen como secuestrados son "el medio más desagradable de financiación". Asegura Pablo que han reducido mucho este último tipo de capturas, "aunque todavía hay algunos de estos secuestros. El objetivo es que no haya civiles retenidos".

Como civil, la idea del secuestro no sale de la cabeza aunque se esté con estos hombres con "autorización" expresa. Las horas previas a esta entrevista han sido de larga espera, mirando el corto horizonte que regala la selva buscando indicios de su llegada. "Ellos son así, aparecen cuando quieren, seguro están comprobando quién es usted y las condiciones de seguridad", me explica un habitante de la zona.

INTERCAMBIO HUMANITARIO

En todo caso, los comandantes del Frente 57 no ven cercano el intercambio humanitario de los 45 policías, soldados y políticos que mantienen en las montañas, por unos 500 guerrilleros encarcelados.

El gesto realizado por el presidente Álvaro Uribe de liberar a unas decenas de guerrilleros y a Rodrigo Granda –conocido como el canciller de las FARC– es interpretado por Becerro como "una estupidez". "Excepto Granda, el resto son desertores o delincuentes comunes. Eso no nos compromete".

La negociación lejana y la seguridad de una posible victoria armada. "Si no creyéramos que podemos ganar la guerra, no estuviéramos acá", coinciden los comandantes.

"Uno sueña con que esto acabe, con volver a caminar libre por las calles, con empezar el trabajo más duro que es construir la revolución. Lo peor no ha comenzado, lo más duro será, una vez tomado el poder, construir soluciones para este pueblo que tanto ha sufrido". Las palabras de Pablo, con 15 años de lucha armada, reciben el asentimiento de Becerro, que anima a su compañero a seguir. "Cada vez tenemos más apoyo, el Movimiento Bolivariano [partido clandestino creado por las FARC] es cada día más fuerte". Políticamente, las FARC le apuestan a su propio movimiento porque la izquierda legal colombiana no le genera confianza. "El Polo [Democrático] se asumió al sistema burgués-capitalista. Renunciaron a los sueños de cambio. Los vemos muy mal".

Pablo hace su propia suma de 2 + 2 son 4 y asegura que si el Movimiento Bolivariano crece es porque "la gente nos muestra así el respaldo".

>>> El respaldo… ¿o el miedo? Porque dialogar con los civiles cargados con AK-47 puede ser muy convincente ¿no?

Mire, puede haber miedo en algunos, pero hasta el miedo tiene un límite. Si la gente no nos apoyara, huiría, nos dejaría solos acá arriba. Y no es así. ¿Cómo sobreviviríamos si no nos tuviera empatía?

>>> ¿Y el reclutamiento, siguen sumando nuevos guerrilleros?

Claro. Siempre hay bajas en esta guerra, pero la gente sigue ingresando en nuestras filas igual que antes. Quizá ya no hablan de utopía como nosotros, pero tienen la misma angustia, el mismo dolor por la injusticia.

Para conjurar el hambre que ronda en la escuelita donde nos reunimos, los hombres de Becerro traen unos platos con arroz blanco y una presa de gallina cocinada para cada uno de los presentes. El mayor beneficiado de las desproporcionadas raciones de arroz es Toro, el perro que acompaña a Becerro a todos lados y que "ya sabe montar en panga, pero tiene de vez en cuando unos ataques de mal humor...". Al final, el propio Becerro limpia el piso de este tambo-escuela que, según el comandante Pablo, van a reconstruir para ayudar a la comunidad.

Termina el tiempo y la escenografía es de lluvia y, una vez más, de silencio en el río. Los tres hombres, Becerro, Pablo y Eduard, se despiden sin abandonar el techo protector. "¡Lleven cuidado en la bajada!".

Ataques de la guerrilla colombiana a territorio panameño

En los últimos 10 años se ha incrementado la actividad de los grupos irregulares e insurgentes de Colombia en la frontera con Panamá.

El primero de estos hechos ocurrió el 31 de enero de 1993, cuando tres hombres miembros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) secuestraron a los estadounidenses Ricardo Tenenoff, David Mankins y Marchor Rich, todos integrantes de la misión Nuevas Tribus, en la comunidad de Púcuru, cuyo paradero se desconoce hasta la presente fecha.

Dos años más tarde, un grupo de las FARC irrumpió en la comunidad de Corozal. El 7 de agosto de 1996, uncomando de 20 guerrilleros ocupó la población de Bocade Cupe.

Otro ataque fue el 16 de diciembre de ese mismo año, cuando guerrilleros penetraron en la población de Armila, en Kuna Yala. 1997 fue el año en el que más eventos se registraron. El 1 de abril hubo una incursión a la población de La Bonga.

El 2 de junio, el policía panameño Alonso Branda murió tras batirse a tiros con la guerrilla en Vista Alegre. El 24 de junio, otro comando guerrillero ocupó Yape y ultimaron a un promotor de salud. Un par de meses más tarde, la comunidad de Yape fue asaltada nuevamente.

El 13 de septiembre se registró una emboscada en la población de Río Chico. Luego el 15 de noviembre de ese mismo año hubo un segundo asalto a Boca de Cupe.

Mientras que el 23 de octubre secuestraron en Metetí al estudiante universitario Alexis Ortiz. El segundo asalto a La Bonga ocurrió el 19 de noviembre de ese mismo año.

En 2000 se registraron tres incursiones más, incluyendo la más violenta al poblado de Nazareth donde hubo un muerto y 10 heridos. La última violación al territorio panameño fue en enero de 2003, cuando una columna atacó los poblados de Paya y Púcuru, y asesinó a cuatro dirigentes indígenas.

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ENCUENTRO CON EL FRENTE 57 DE LAS FARC: Becerro: ‘Somos personas normales con mucha disciplina’



 
 
 
 
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