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Especial para La Prensa vivir+@prensa.com INTRODUCCIÓN Si bien la "virginidad" se refiere a una persona que no ha tenido relaciones sexuales, es interesante que en algunos diccionarios y enciclopedias, así como en algunas culturas, el término virginidad se utilice exclusivamente para hacer referencia a la mujer, en relación a la existencia de un himen intacto o no. En contraste, para proponer la ausencia de relaciones sexuales en el caso del varón, se habla de castidad.¿Por qué tal distinción? ¿Qué significado tiene la virginidad en nuestra cultura? ¿Por qué sigue siendo un tema tan reservado o poco hablado en nuestra sociedad? DOBLE DISCURSO No cabe duda que la referencia a la virginidad suele tener un doble discurso, dependiendo si es hombre o mujer a quien se dirija. A los varones se les incita para que inicien su sexualidad tempranamente e, incluso, se les presiona durante la adolescencia para que "demuestren su virilidad". Este escenario es muy distinto al de las chicas, a quienes se les exhorta a que posterguen las relaciones sexuales, puesto que es símbolo de integridad y pureza. La investigadora mexicana Ana Amuchástegui, señala que en Latinoamérica se exhorta a que las mujeres posterguen la genitalidad y preserven su virginidad, a modo de un "tesoro" que deben conservar hasta el matrimonio. Es decir, las mujeres no tienen una presión social por iniciar su vida sexual, como en otros países. En cambio, un varón que no ha tenido relaciones sexuales después de cierta edad, es signo de una masculinidad dudosa. Esto ocasiona que los hombres tengan relaciones sexuales más tempranamente que las mujeres; incluso, cuando aún no están preparados emocionalmente. REALIDADLos varones pierden su virginidad entre los 15 y 17 años, normalmente con mujeres mayores. La edad promedio de las chicas, en cambio, se encuentra entre los 17 y 19 años, inicio que no siempre sucede como consecuencia de su propio deseo; en ocasiones, la exigencia de una "prueba de amor" o la amenaza de abandono por parte de su pareja, funcionan como mecanismos de coerción. Por otro lado, en el Occidente, la virginidad femenina constituye una garantía de la integridad física y moral; y a pesar que ya no es condición necesaria para que una mujer reciba el respeto y el amor de un hombre, continúa teniendo un gran valor sicológico para este. En cualquier caso, y aunque todo parece indicar que la observancia por la virginidad es cosa del pasado, lo cierto es que el tabú que aún encierra la sexualidad temprana, sobretodo en las mujeres, restringe la libertad para explorar y conocer el erotismo, propio y del compañero. Las parejas terminan más preocupadas por las consecuencias sociales de sus actos, que por disfrutar plenamente su sexualidad.
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