| LAS SIETE MARAVILLAS DEL MUNDO.
Para gustos los colores
Guillermo Tatis Grimaldo, hijo
Así decía mi abuela Celia, hace ya tantos años, cuando abatida se rendía y en medio de regaños terminaba por complacer nuestros caprichos de chiquillos, ante la dura faena de ponernos de acuerdo en cuanto a gustos y preferencias para jugar, comer o vestirnos.
Llegan estos recuerdos a mi memoria ahora que con justa razón los griegos, a través de su ministro de Cultura, expresaron su descontento e inconformidad por la exclusión de la Acrópolis de Atenas en el reciente Concurso Internacional para elegir "Las Siete Nuevas Maravillas del Mundo" que, sin duda alguna, merece estar. Pero es que ponerse de acuerdo en algo, por intrascendente que sea, resulta una tarea difícil, no solo con muchachos, sino también entre adultos.
Confieso que, aunque New Open World Corporation, organizadores del evento nos han honrado distinguiéndonos con tres maravillas ubicadas en América, -el Cristo Redentor en Brasil, la Pirámide de Chichén Itzá en México y la Ciudadela de Machu Picchu en Perú-, de las siete escogidas, dejaron por fuera otras obras monumentales del mundo que merecen estar en ese grupo; qué tal el Canal de Panamá, por ejemplo. Pero es que el solo hecho de agregar una más tendría obligatoriamente que sacar a una de las favorecidas, de suerte que sería un serio problema buscar consenso satisfactorio para todos. Tal vez por eso la Unesco, adelantándose a lo difícil que sería unificar la opinión general de votantes electrónicos sobre cuáles habrían de ser las nuevas maravillas, se apartó del proyecto y le restó importancia.
Pero si en estos temas, llueven las críticas, en otras latitudes no escampan las objeciones a otros certámenes similares. Cosa muy parecida a la elección de las Siete Maravillas, ocurrió con el reciente evento tendiente a enaltecer el castellano, que ha consistido en elegir "Las 100 mejores novelas de la Lengua Española de los últimos 25 años", en el marco del 25 aniversario de la Revista colombiana Semana, que lo organizó. Como era de esperar se escogieron las 100, y las más votadas resultaron El amor en los tiempos del cólera, de García Márquez, que cuenta el hermoso idilio entre Florentino Ariza y Fermina Daza y La fiesta del chivo, de Vargas Llosa, que rememora la extravagante vida del dictador dominicano Leonidas Trujillo. La lista es muy buena, contempla valiosas novelas y célebres escritores, pero resultó incompleta, la crítica literaria sostiene que es inaudito que se hayan dejado por fuera, las obras de Sábato, Cortázar, Villaseñor o de Laura Restrepo, entre otras, y yo agrego la interesante novela La visigoda, de Isabel San Sebastián.
Muy a pesar del descontento, estos certámenes son útiles, porque a través de ellos se resaltan maravillosas obras civiles tanto como literarias, las elegidas y las no favorecidas, y sirven para identificar procesos de desarrollo cultural y la idiosincrasia de otros pueblos. Estos reclamos e inconformidades manifiestas no serán causa perdida, formarán parte de la humanidad como punto de referencia de la historia de sí misma, por cuanto habrán de quedar entre las preferidas de todos los demás.
Les cuento, La visigoda es una fascinante y conmovedora historia que recién acabo de leer, editada en el 2006, que merece ser conocida, leída y disfrutada. La autora, una escritora y periodista radical española de origen chileno, narra la antigua leyenda de El tributo de las 100 doncellas que el príncipe de Asturias debía pagar al emir de Córdoba a cambio de paz, en plena ocupación musulmana a la península ibérica entre finales del siglo VII y principios del VIII. Es su primera novela, aunque tiene otros ensayos y trabajos periodísticos, pero la escribe con brío, maestría y elegancia lingüística, terminología, sitios y nombres de la época, y rigor cronológico.
Alana, la orgullosa adolescente de los ojos tristes, pero de exuberante belleza, de estirpe astur, hija de nobles cristianos, es escogida por Vítulo, recaudador de impuestos del rey Mauregato para entregársela al emir Abderramán para cumplir con el tributo de cada año. Alana, la heroína de Coaña, se revela contra las cadenas de Alá y propicia la más emocionante aventura para lograr su fuga del harén real y encontrarse, aún virgen, con su amado Indaro y emprender junto al depuesto rey Alfonso la recuperación de su trono. Esas fueron las primeras luchas que llevaron más tarde a la expulsión de los moros de España, luego de siglos de dominación. No digo más; la novela está llena de historia, de aventuras apasionadas, cargada de intrigas, envidias, traiciones y muertes que en su conjunto forman un extraordinario argumento, de mágica realidad y repleto de pasión.
Entretanto, para gustos los colores, a mí me gusta el Canal de Panamá para Las Siete Nuevas Maravillas del Mundo y La visigoda en la lista de "Las 100 mejores novelas de la Lengua Española de los últimos 25 años".
El autor es diplomático
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