| MITOS EN EDUCACIÓN.
Ideas sueltas…
Elda Maúd De León
Las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) son el instrumento más avanzado para conocer o aprender hasta el momento, por lógica seguirán desarrollándose y sustituyendo a los actores tradicionales de la enseñanza y revolucionando los medios de aprender -aunque la enseñanza se estanque en la tradición- pero su democratización para obtener logros concretos y evidentes en la alimentación, salud y la calidad de vida en general, está supeditada al sistema económico-político, cuya vigencia depende de mantener la concentración de la riqueza y el poder en pocas manos.
Si realmente deseamos colaborar para superar la crisis en educación, primero tenemos que cambiar nuestra percepción sobre lo que es una sociedad democrática en un estado verdadero de derecho, así como reconocer que las condiciones nefastas de vida de los pobres persisten porque el sistema económico político niega los principios de cooperación, sinergia e innovación de la naturaleza, que transformaron un homínido en un ser social, creador de la filosofía, ciencia, artes y técnica.
No saber leer en el siglo del conocimiento es un grave problema para los afectados, aunque sean pocos o uno solo. Desde la década del 70, los analfabetos son unos cuantos miles y la mayor cantidad son mujeres indígenas. La gratuidad no existe para los niños en pobreza extrema; el sistema formal no es igualitario, se desarrolla en las áreas urbanas que tienen más recursos, ofrece menos a las áreas rurales y casi nada a las indígenas, tan es así, que hay comarcas que no tienen acceso a una sola escuela secundaria.
Del porcentaje significativo de los que se gradúan de primaria, se matricula más o menos la mitad en primer ciclo y de ellos tal vez la tercera parte en segundo ciclo. Siendo optimistas podemos estimar que de cada 100 jóvenes, alrededor de 40 terminan la educación media o secundaria. Es decir que perdemos 60 de cada 100.
La educación superior se ha centrado excesivamente en la oferta de licenciaturas, mientras que la oferta de técnico superior es insuficiente, y cada día afloran más licenciaturas que no llenan el requisito básico de generar conocimiento científico, que es lo que caracteriza a la educación universitaria. Los técnicos superiores pueden formarse en uno, dos o tres años como máximo, lo que democratizaría la admisión, garantizaría el feliz término de la formación y ahorraría recursos personales y estatales.
Bajar los requerimientos para que "entren todos", evade reconocer las deficiencias reales de los que ingresan, establecer coordinación con el segundo nivel para superarlas y aleja de una formación consistente a los futuros graduados de educación superior tanto pública como privada.
El mercado laboral en Panamá es muy pequeño, tanto a nivel público como privado, en realidad hay más gente formada de la que consigue empleo; el Centro Financiero, por ejemplo, funciona con muy pocos trabajadores. Si la política económica del país no apoya más decididamente al sector agropecuario que es el que mayor cantidad de puestos de trabajo provee, seguirá creciendo la economía informal, con sus consecuencias de baja productividad y sub-utilización de la población económicamente activa.
Es ideal que la niñez y la juventud sean capacitadas para la utilización de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, ellas son un instrumento imprescindible en el siglo XXI, pero no se debe olvidar que la técnica moderna sin el soporte de una formación científica y filosófica adecuada a los tiempos y a la nueva visión social, solamente agregarán una competencia laboral, pero nada al conocimiento ni mucho menos al humanismo, la democracia y la paz.
Lo que la educación está pidiendo a gritos es una transformación, no solamente de los instrumentos, sino de la filosofía, ética y ecologías cognitivas, esto incluye e implica a la sociedad, la clase política y a los gobernantes.
Cito y vuelvo a citar a Einstein: "en épocas de crisis lo único más importante que el conocimiento es la imaginación". Imaginación y creatividad es lo que nos ha faltado y sigue faltando a la mayoría de los que deseamos una educación de calidad. ¿Qué puede hacerse ante esta situación tan negativa?
Los educadores honestos tenemos la obligación moral de criticar y desenmascarar, por ello nos atrevemos finalmente a afirmar que el neoliberalismo no tiene la capacidad para resolver las falencias cuantitativas y mucho menos cualitativas de la educación en Panamá, y que mientras nuestro pueblo no sea consciente de su derecho inalienable, pero también de sus deberes con la educación de la niñez y la juventud, no habrá educación de calidad y tampoco democracia participativa y popular en nuestro país.
La autora es catedrática universitaria
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