| A PRUEBA. el desempeño es vital.
Lunes en la mañana
El despido de ejecutivos
Por Chuck Lucier y Jan Dyera
The New York Times
A nivel mundial, juntas directivas de grandes corporaciones están ahora echando cuatro veces más presidentes de directorios que en 1995. Esa tendencia plantea el siguiente interrogante: ¿están las juntas directivas socavando la capacidad de los presidentes de directorios para liderar una compañía en el largo plazo?
Si el caso es que las juntas directivas reaccionan de manera exagerada ante breves fluctuaciones en el desempeño financiero o en las demandas por parte de inversionistas de corto plazo, la respuesta es sí.
Pero un estudio que se prolongo durante una década hecho por Booz Allen Hamilton y que analizó la rotación de ejecutivos en las 2 mil 500 empresas más grandes del mundo ofrece una respuesta diferente. Las juntas directivas no están reaccionando de manera exagerada. Están haciendo lo que deberían haber hecho desde el comienzo: despedir a ineficaces presidentes de directorios que en previos años hubieran sido protegidos.
Aunque un puñado de presidentes de directorios son despedidos por una conducta ilegal o inmoral, la vasta mayoría de ellos pierden sus puestos porque los resultados financieros son decepcionantes. Como promedio, un destituido presidente de directorio concreta apenas la mitad de las ganancias, dinero en efectivo y capitalización de mercado de una empresa comparable liderada por un presidente del directorio eficaz en el mismo periodo de tiempo.
En los antiguos días del presidente de directorio imperial, los ejecutivos disfrutaban de una prolongada permanencia en sus cargos, sin importar si su desempeño era bueno o malo. En la actualidad, cuando las juntas directivas muestran mayor independencia, fortalecidas por mejores prácticas de gobierno, se puede sacar a ineficaces presidentes de directorios una vez han tenido una oportunidad de mostrar sus habilidades.
Antes y ahora, presidentes de directorios que no cumplen sus tareas a cabalidad son destituidos, como promedio, en su sexto año en el cargo.
El promedio de seis años para echar a uno de esos ejecutivos tiene gran sentido. La dinámica de la competencia global, caracterizada por rápidos e impredecibles cambios impulsados por innovaciones de la competencia, nuevas tecnologías y acciones gubernamentales, obligan a las empresas a reconstruir su ventaja competitiva cada tres o cuatro anos. En ese medio ambiente, un foco tradicional en el largo plazo alienta la complacencia, y crea respuestas inadecuadas a competidores con capacidad de innovación, además de un fracaso en aprovechar oportunidades. El termino medio es en la actualidad el horizonte de tiempo estratégico. Es lo bastante prolongado como para permitir al presidente de directorio hacer importantes mejoras, pero también lo bastante corto para obligar al presidente del directorio a adoptar acciones que tendrán un impacto a corto plazo.
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