| CONFIANZA, DESCONFIANZA Y APRECIO.
Cuestión de credibilidad
Xavier Sáez-Llorens
xsaezll@cwpanama.net
La credibilidad es como la virginidad. Tan pronto se pierde, ya no vuelve a recuperarse. No obstante, resulta harto difícil precisar quién todavía la conserva. En sociedades como la nuestra, donde la hipocresía se pasea campante por todos los sectores y actores del quehacer cotidiano, asegurar la honradez de cualquier persona es tan titánico como pedirle a la Iglesia que se desvincule de adoctrinar a los niños con patochadas legendarias o que deje la política para dedicarse exclusivamente a la espiritualidad de sus feligreses. Para intentar confiar en el otro, uno se aferra usualmente a ese famoso adagio que dice "no solo hay que ser la mujer del César sino parecerlo". Hay individuos, sin embargo, que se tragan una marsopa y ni siquiera la eructan. Aunque, seguramente me equivocaré en algunas de mis apreciaciones, analizo gestos, miradas, tics, actuaciones previas, declaraciones no forzadas, testimonios personales y habilidades intuitivas de mi consorte para juzgar la potencial honestidad del prójimo. Comparto con ustedes la credibilidad que dispenso a personajes públicos locales.
Salvo raras excepciones, contadas con las falanges de un manco, desconfío de los diputados. ¿Cómo se puede confiar en ellos al escuchar los superfluos debates parlamentarios, la asquerosa defensa de insultantes privilegios, la sustracción de escándalos de corrupción, el nombramiento de parientes como garrafones de asamblea, la designación partidista de defensores del Pueblo o la imbecilidad de aprobar un inconstitucional mes de fábulas sagradas? Con estos pocos ejemplos, es fácil calcular el cociente intelectual y ético de la mayoría de los integrantes de esta variopinta fauna legislativa. La CSJ es la segunda instancia menos verosímil del país. Con magistrados designados por los dígitos de gobernantes de precaria reputación y votados, mediante soborno declarado ante cámaras, por los legisladores anteriores, con uno de ellos acusado de recibir un cheque fraudulento y otro despojado de la visa estadounidense por presunta corrupción, solo un despistado oligofrénico podría tener fe en este órgano estatal. Obviando, quizás, a tres integrantes (dejo nombres al libre albedrío del lector), a los demás les sospecho hasta el deseo de buenos días. Como si su honra no estuviera ya en andenes subterráneos, la presidenta se dedicó recientemente a hundirla más. Sin arriesgar vaticinios, percibo más rectitud en las palabras del señor Arjona que en las de muchos de los restantes.
Sin temor a equivocarme, estamos ante la presencia de la Procuraduría más convincente, independiente, valiente y respetada de las últimas décadas. Como humanos, por supuesto, son susceptibles a errar o a exagerar medidas pero, a mi juicio, sus conductas se orientan más en los justos intereses del pueblo que en los del poder gubernamental o económico. A mí también me pareció excesiva la decisión de apresar a tres directores de la CSS y podríamos, también, disentir de algún otro criterio, pero tratar de equiparar la credibilidad de la Sra. Gómez con la de la Sra. Dixon me parece una broma de mal gusto. Resulta hilarante, además, ver a abogados de dudosa probidad arremeter contra las decisiones de la Procuradora, sin resguardarse de la caída vertical de sus propios escupitajos. Aunque acepto que hasta las bestias tienen derecho a ser defendidas en una corte, jamás podría avalar juicios de moral o integridad personal a abogados que protegen a reconocidos malhechores y escorias humanas. Más que inmorales, los llamaría amorales. De haber una suculenta cifra monetaria de por medio, les garantizo que cambian de defensor a acusador como si de prenda interior se tratara. Por tanto, estimo inapropiado que medios de comunicación los inviten a entrevistas periodísticas y foros de debate público para dictar docencia a la ciudadanía.
Me identifico plenamente con los familiares de las víctimas del Sira. Sus reclamaciones son justas y urgentes. En futuras manifestaciones, empero, los exhorto a erradicar azuzadores infiltrados en sus arengas. Para nada ayuda la compañía evidente o disimulada de sacerdotes revolucionarios, líderes sindicales o movimientos estudiantiles de violenta trayectoria. La brutal paliza a que se vieron expuestos por parte de energúmenos uniformados nos hizo recordar tiempos de dobbermans y batallones de la indignidad. Mal augurio ahora que se aproxima la fecha de excarcelación del tirano Noriega. Es evidente que ciertas personas que están en el poder actualmente (y en la oposición) y algunos empresarios han intentado impedir que este grotesco militar regrese al país y tramitan para que sea Francia su destino final. La razón parece clara. Apenas se enfrente a la justicia -ojalá del MP y no de la CSJ- saldrán a relucir los nombres de amigos que se quedaron con dineros, bienes y posesiones de fraudulenta procedencia.
Los programas sociales promovidos por la Primera Dama gozan de mi aprecio y confianza. Concuerdo que, para generar credibilidad, las licitaciones deben ser transparentes y los profesionales involucrados en evaluaciones técnicas deben evitar conflictos de intereses y abstenerse de ser beneficiarios de las compras. No obstante, las valiosas iniciativas a favor de personas discapacitadas, de sujetos que viven con el virus del sida, de campesinos de áreas rurales y de indígenas habitualmente excluidos por administraciones pasadas respaldan la actitud humanista de la pareja presidencial. He sido testigo independiente, con ojos críticos nunca aduladores, de la cristalina ejecución de algunas de estas actividades. Considero que la prensa, sin menoscabar su valioso rol fiscalizador, ha sido un tanto injusta y desequilibrada en resaltar potenciales deslices y minimizar impactantes logros. Censuro, con fuerza, la publicación de glosas periodísticas y difusión de noticias por internet que vierten calumnias y malintencionados bochinches desde el cobarde anonimato.
Debe ser triste no poder confiar en otros seres humanos que forman parte de nuestro entorno social. Personalmente, y hasta no defraudarme, me fío de personajes como Raisa Banfield (Ambiente), Alberto Bissot (Hospital del Niño), Rosa María Britton (Biblioteca Nacional), Julio Escobar (Senacyt), Danny Kusniecky (ACP), Angélica Maytín (TI), Jorge Motta (Instituto Gorgas), Bobby Velásquez (Sinaproc), Jorge Arosemena y su fenomenal equipo técnico (Ciudad del Saber) y de mis selectos amigos del grupo de garantes o del foro de opinión Panamá, entre otros. Lamentablemente, la mayoría de nuestros políticos tienen un máster en el arte de mentir y no se percatan que cada vez más la gente procura educarse y ya no traga tan fácilmente sus habituales embustes. Como apuntaba Aristóteles hace más de 2000 años: "El castigo del embustero es no ser creído, aun cuando diga la verdad".
El autor es médico
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