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Reportaje especial
Panamá, sábado 28 de julio de 2007
 

La guerra fría entre Moscú y Londres

Una historia de espías, crímenes y secretos revive los viejos tiempos cuando Rusia y Occidente se encontraban en polos opuestos, luchando por la supremacía global.

Las relaciones diplomáticas entre Rusia y el Reino Unido están en su nivel más bajo, en los últimos 20 años. La crisis está lejos de concluir.

EFE/Mikhail Klimentyev
OFENDIDO. El presidente ruso, Vladimir Putin, señaló que era ‘ofensivo’ insinuar que Rusia debía cambiar su Constitución para extraditar a un sospechoso. Contraatacó acusando a Londres de proteger a ‘criminales’.887379
Aristides Cajar Páez
acajar@prensa.com

El 10 de julio pasado, la Fiscalía General de Rusia comunicó a su contraparte del Reino Unido que no podría complacer su pedido de extradición de Andrei Lugovoi, empresario y ex espía ruso al que la justicia británica había hallado implicado en la muerte del también ex agente de inteligencia ruso, Alexander Litvinenko, el año anterior.

Esa negativa sería el inicio de una escalada diplomática entre Rusia y el Reino Unido cuya relación ya se había tensado bastante tras la extraña muerte de Litvinenko, envenenado por mano criminal en Londres con polonio 210, una sustancia radiactiva y letal .

Rusia alegó que su Constitución prohibía la extradición de sus nacionales y que con mucho gusto investigaría a Lugovoi en suelo ruso y lo sancionaría si se demostraba algún grado de responsabilidad.

La respuesta no fue del agrado del Gobierno británico quien aumentó desde entonces la presión para que Rusia accediera a su pedido. Al fin y al cabo, el crimen se había cometido en suelo británico y las autoridades de ese país creían tener bases sólidas para su pedido.

La confrontación alcanzó los más altos niveles políticos en las semanas recientes, que culminaron con la expulsión de cuatro diplomáticos rusos de Londres y la salida forzada de otros tantos representantes británicos en Moscú, aparte de palabras ásperas por parte del presidente ruso, Vladimir Putin, y del primer ministro británico, Gordon Brown.

MUERTE RADIACTIVA

Litvinenko, antiguo espía de los servicios secretos rusos refugiado en Gran Bretaña, murió el 23 de noviembre de 2006 en el hospital University College de la capital británica, tras ser envenenado con polonio 210.

El ex espía enfermó repentinamente el 1 de noviembre de 2006, tras reunirse con Lugovoi y otro compatriota, Dimitri Kovtun, en el hotel Millennium de Londres, donde tomó una taza de té. Varias personas que trabajaban en el hotel Millennium dieron positivo en unas pruebas de radiación.

En una carta póstuma, Litvinenko aseguró que el Kremlin estaba detrás de su asesinato por haber acusado a los servicios secretos rusos de causar una serie de explosiones en un edificio de Moscú en 1999 para ayudar a Putin a llegar a la Presidencia.

La enfermedad y muerte de Litvinenko mereció amplia cobertura por parte de los medios británicos y causó estupor entre la opinión pública.

Putin se apresuró a desmentir cualquier vinculación con el crimen y lamentó la muerte del ex agente.

Londres envió un equipo legal a Moscú para profundizar las investigaciones, luego de trabas y dilaciones por parte de las autoridades rusas. Los investigadores británicos se quejaron de que los rusos no les dejaron hacer casi nada, si bien no les negaron el acceso a documentos y a personas.

ESCALADA

Basado en extensas pruebas practicadas, evidencia y testimonios, la fiscalía londinense pidió la extradición de Lugovoi en mayo de este año, la cual fue contestada con molestia por parte del implicado.

Lugovoi convocó a una rueda de prensa donde acusó al servicio de inteligencia británico MI-6 de haber tratado de reclutarlo e insinuó que tal vez ellos podrían haber asesinado a Litvinenko.

Rusia por su parte había pedido, sin éxito, la extradición del magnate ruso afincado en las islas británicas Boris Berezovsky, quien, al igual que Litvinenko había huido de Rusia tras el ascenso de Putin.

Berezovsky había ayudado a Litvinenko en Rusia, y posteriormente en el Reino Unido, donde el ex agente investigaba la muerte de la periodista Anna Politkovskaya, fuerte crítica del régimen de Putin.

Berezovsky ha hecho llamados a derrocar a Putin, lo cual ha enfurecido al Kremlin.

Pese a lo delicado de la situación, diplomáticos rusos y británicos han insistido en que la crisis no debe afectar las "prosperas" relaciones comerciales entre los dos países.

El caso Berezovsky : ¿paranoia o temor fundado?

El magnate ruso Boris Berezovsky, quien vive en el Reino Unido, se ha convertido en otro personaje clave en la trama que hoy enfrenta a Londres y a Moscú. Y en los últimos días, el otrora protector de Alexander Litvinenko, alega que quieren matarlo. Y no le faltan motivos para pensarlo. Rusia exigió esta semana explicaciones al Reino Unido respecto a las informaciones de la prensa británica sobre la detención en Londres de un ciudadano ruso que presuntamente planeaba asesinar a Berezovsky.

La prensa británica, en particular el diario The Sun, reveló el pasado día 18 -y Scotland Yard lo confirmó el mismo día- que la Policía y los servicios secretos habían frustrado un plan para asesinar a Berezovsky en Londres, donde un sicario se proponía matarle de un disparo en la cabeza.

Los agentes arrestaron al individuo el 21 de junio como sospechoso de haber conspirado para asesinar a Berezovsky, denodado detractor del presidente ruso, Vladimir Putin, tras haber sido uno de los políticos más influyentes durante el mandato (1991-1999) de su antecesor en el Kremlin, Boris Yeltsin.

Dos días después, el detenido quedó en libertad sin cargos, aunque bajo custodia del servicio de inmigración, y fue posteriormente deportado sin derecho a volver a Gran Bretaña durante 10 años.

Berezovsky, asilado en Londres y reclamado infructuosamente por la Justicia rusa, denunció que sicarios del Kremlin lo quieren matar por su oposición a Putin, mientras la embajada rusa descartó que Moscú esté implicada en ese aparente intento de asesinato.

El magnate no dudó en vincular este incidente con el caso de Litvinenko.



 
 
 
 
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