La decisión de los estudiantes del Instituto Nacional de no reponer sus clases durante las vacaciones de medio año, desafiando las órdenes del Ministerio de Educación, no es más que el reflejo de la grave crisis que sufre la educación pública en Panamá.
Pero lo que realmente nos hace caer en desesperanza, es que quienes están llamados a orientar a los estudiantes –los docentes– hayan secundado la irresponsable decisión estudiantil. Ante semejante desafío, el ministro, en vez de actuar con firmeza, elaborará un nuevo decreto que se ajuste a las comodidades de los estudiantes.
Tras que ya son grandes las molestias que causan y las pérdidas económicas que se generan cada vez que cierran calles, encima le indican al Ministerio cómo y cuándo darán clases. Qué triste es que la discusión en torno a la educación sea sobre vandalismo, cierre de planteles, expulsiones, fibra de vidrio certificados falsos y demás, cuando se debieran centrar las energías en resucitar al agonizante sistema educativo nacional. |