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Reportaje especial
Panamá, viernes 27 de julio de 2007
 

HAY QUE DISEÑAR CON UN ESTILO PROPIO.

Globalización, arquitectura, urbanismo y pobreza

Jorge Ricardo Riba

La globalización en la América Latina es un tema polémico, al igual que los tratados de libre comercio (TLC). Asimismo, es oportuno mencionar los esfuerzos de algunos países en la integración de mercados y acuerdos aduaneros que faciliten el intercambio de productos entre ellos.

Pero tal vez, el hecho más importante en esta tendencia es la comunicación por internet, que influye sin restricciones de ningún tipo, y que sirve tanto para intercambiar ideas e información, como también material escrito o gráfico.

Los avances de la ciencia y la tecnología benefician a la humanidad, siempre que se tengan los conocimientos apropiados y los instrumentos adecuados para su desarrollo. Nuestro atraso en esta materia se corresponde con la falta de una educación eficiente y efectiva, el desarrollo educativo es la manera más segura de potenciar socialmente al ser humano. Todos coincidimos al considerar que la educación humanística y en particular el énfasis en la ciencia y la tecnología es deficiente en los países latinoamericanos, situación que nos condena a un futuro de pobreza y desigualdad de enormes proporciones.

De una u otra forma, la globalización avanza y lo afecta todo. ¿Y en la arquitectura cómo se manifiesta? Construir edificios altos no es lo importante, sí lo es crear un nuevo lenguaje de formas, métodos y materiales de construcción que complementen la producción en serie, lo básico es diseñar con un estilo propio el cual esté en armonía con nuestro entorno cultural. Toda gran ciudad -y nuestra metrópoli panameña está próxima a serlo- es una síntesis de tiempo, espacio, armonía ecológica y arquitectura funcional.

A lo largo de las principales avenidas apreciamos edificios de diferentes estilos que incluyen los globalizados. Surge así la variedad dentro de un orden, pero todos procuran la mayor intensidad del uso del suelo en una notoria competencia por el espacio, se construye a velocidad para llegar a satisfacer los gustos de muchos.

La grandeza de la ciudad no se determina por sus niveles cuantitativos, lo que la debe caracterizar son sus cualidades culturales, sus perspectivas de educación difundida.

Lo trágico es que en todas nuestras urbes latinoamericanas predomina la pobreza. Es difícil que los jóvenes puedan abrirse paso, pesa mucho la brecha entre ricos y pobres, hay desempleo, delincuencia, marginalidad, etc.

La ciudad bella esconde las "villas miseria" o "barriadas de emergencia". Hay niños y ancianos que piden limosna.

Si en algo se asemejan las grandes ciudades de América Latina es en su arquitectura globalizada y altos edificios los cuales no pueden esconder las evidencias de la pobreza, así se empuja hacia la periferia a grandes núcleos de población carentes de los esenciales servicios básicos en un vano intento de diluirla en el paisaje.

El urbanismo y su correspondiente infraestructura, las áreas públicas, transporte, los servicios comunales, los parques con las normas apropiadas se ignoran. Se asesina ecológicamente el paisaje natural ya que el lucro es lo que impera.

El urbanismo surge para mejorar la calidad de vida de la humanidad, es de orden público, y ¿acaso la misma arquitectura no lo es? Lo que ocurre es que del diseño estructural a la realidad concreta, ¡desaparece la ciudad social! Es cierto que debemos respetar la libertad de expresión en la arquitectura, pero es indispensable también que se cumplan las normas de zonificación y construcción. Sobre todo, hay que eliminar la corrupción en el manejo de los procedimientos y en especial los cambios arbitrarios de la normativa arquitectónica.

La participación ciudadana es indispensable para que la ciudad cumpla sus propósitos como el hábitat ideal de una humanidad civilizada. Lo es también la transparencia en la burocracia. Las autoridades municipales y las juntas de planificación deben asumir sus funciones administrativas con honradez ciudadana. Estas juntas deben ser reestructuradas a fin de que sean presididas por ciudadanos responsables y honestos, debemos evitar que el funcionario sea juez y parte creando un evidente conflicto de intereses.

Tal parece que los desaciertos de las autoridades no tienen fin. La última novedad es la decisión del alcalde del distrito capital de reabrir la peatonal de la Avenida Central al tránsito vehicular desde el 1º de octubre.

Esta es la única vía pública que no tiene el veneno de los gases contaminantes de los autos, de reabrirse todos los que viven, trabajan o andan a lo largo de esa vía estarán condenados a enfermarse de los pulmones o algo peor.

Los usuarios y la comunidad en general debe ser consultada, es evidente por las primeras encuestas que la gran mayoría se manifiesta en contra. Hay mucho que hacer en beneficio de la ciudad y de la gente que vive en ella. ¿Por qué no hacer los estudios y planes de antemano? ¿Por qué no hacer las consultas a la ciudadanía?

El conocimiento integral no es un cuaderno de hojas sueltas de hechos aislados. Sobre todo es una responsabilidad colectiva ya que somos criaturas éticas.

Nuestra primordial obligación como personas es la de humanizarnos, lo que significa pensar y hacer el bien socialmente y avanzar juntos.

El autor es arquitecto



 
 
 
 
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