| ESTUPIDEZ HUMANA.
La infinita
Violeta Yangüela
La aldea global se escudriña. Los organismos internacionales, las organizaciones sectoriales, las publicaciones globales, las Organizaciones No Gubernamentales (ONG), se dedican cada año a ofrecer diferentes índices que investigan, analizan y sobre todo clasifican y califican las estructuras políticas, económicas, culturales, sociales, religiosas de los países que conforman el universo terráqueo.
Para muchos políticos, y también para muchos hacedores de opinión, estos índices provocan el rechazo a las cifras y, en el caso de los que se asumen como expertos, sus análisis se concentran en la descalificación de la metodología de la investigación.
El Banco Mundial ha dado a conocer su Índice de Gobernabilidad 1996-2006 a partir de seis indicadores que se definen en la participación electoral y libertad de expresión, la estabilidad política, la calidad de servicios públicos, la calidad regulatoria, la legalidad y criminalidad y el control de la corrupción. La clasificación en colores lo determina la puntuación de 0-100. Verde oscuro de 90-100, verde claro de 75-90, amarillo de 50-75, naranja de 25-50, rosado de 10-25 y rojo de 0-10.
En el conjunto de regiones, América Latina se pinta de amarillo más cercano hacia los 50 que a los 75. En términos individuales, sólo Chile, una vez más como en todos los índices, aparece en dos de los indicadores en el rango de 90-100 y en los otros cuatro en el rango de 75-90. El país chileno se pinta de verde en el mapa latinoamericano. Los otros dos países que le siguen son Costa Rica y Uruguay. Con una diferencia. En ambos casos muestran un descenso en algunos de los indicadores en 2006 respecto a los años anteriores. Los tres países en la cola lo comparten Haití, Venezuela y Cuba.
En contraste a Chile, Venezuela se pinta, como lo dice su teniente coronel, de rojo- rojito con una puntuación de menos 25 en cinco de los indicadores y uno en rosado en el mapa de la gobernabilidad.
Ese contraste de números y colores se explica desde un modelo económico-político-social que, en el caso chileno, implica control del gasto público, aplicación de la ley, apertura de mercados, seguridad jurídica para la inversión, sistema de seguridad social, en este caso privado, en un marco institucional que le ha proporcionado a Chile una tasa de desempleo por debajo de la de Francia con una disminución de la pobreza de más de un 20%. En el caso venezolano, la prioridad es la distribución desde el Estado que se encarga de repartir los bienes bajo el título del modelo de la Revolución Bolivariana o del Socialismo del Siglo XXI. El teniente coronel es el marco institucional de Venezuela.
Para una gran mayoría de latinoamericanos, el teniente coronel lleva las de ganar, a pesar de las cifras, de los índices y de las realidades. El modelo se expande.
Decía Einstein que hay dos cosas infinitas, el universo y la estupidez humana y no estaba tan seguro de lo primero.
Firmas Press. La autora es periodista dominicana
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