| NUEVAS RUTAS.
El proceso educativo y la acción estatal
Paulino Romero C.
¿Sobre quién recae la responsabilidad de la educación nacional? A esta pregunta, vigente hoy como ayer, respondió el Dr. José Daniel Crespo, hace más de cinco décadas, señalando lo siguiente: "No vacilo en contestar categóricamente que es sobre el Estado sobre quien recae la responsabilidad de la educación nacional. Me explico -enfatizó- la educación pública de un país es función social de primer orden, que, por compleja, difícil y, sobre todo, trascendente, en nuestras modernas sociedades, no puede dejarse al arbitrio del azar; o a la contingencias imprevistas del capricho de cada ciudadano, esté capacitado o no lo esté, para ejercer tal función social".
Es más, en su famosa obra pedagógica Fundamentos de la nueva educación, expresaba el Dr. Crespo los siguientes conceptos sobre el particular:
"No ha sido, pues, un mero capricho o una mera coincidencia el que en nuestros días el Estado haya asumido la responsabilidad de educar a la juventud. La experiencia sociológica de los siglos ha demostrado la conveniencia de esta medida, que ha podido llegar a adoptarse sólo después de cruentas luchas. Los elementos autócratas y reaccionarios, han querido siempre monopolizar la educación, que ha sido en todo tiempo su mejor arma para mantener su hegemonía sobre los pueblos. Y ha sido sólo con el progreso de las ideas democráticas, que ha surgido el concepto de la educación popular, como una función del Estado".
"Pero no sólo compete a la educación consolidar y hacer efectivas las conquistas de la democracia, preparando los pueblos para ejercer los derechos y asumir las responsabilidades que implican tales conquistas. A la educación corresponde hacer conciencia pública de estos postulados, a fin de que no sean un mito, la igualdad ante la Ley; la equidad de oportunidad; el Gobierno representativo; la libertad de expresión, de conciencia y de reunión; y, sobre todo, para que no se desvirtúen, dando resultados totalmente contradictorios a su generosa intención como sucede como demasiada frecuencia, hoy en día".
En efecto, estamos de acuerdo con el Dr. Crespo, porque este sistema de educación, así, sólo lo puede establecer el Estado; y esta labor sólo puede realizarla la educación cuando cuenta con el respaldo del Estado, que traduce en leyes y mandatos la conciencia social. La misma "libertad de enseñanza", que es conquista apreciada de nuestra cultura democrática, necesita de ese respaldo y reglamentación legales, para que no pueda degenerar en el absurdo de ser interpretada como "la libertad de enseñar o no enseñar a voluntad". Empero, el hecho de que el Estado asuma la responsabilidad de la función educativa, no implica que el ciudadano y ciudadana particular deba desentenderse de ella. Al contrario, en una democracia la acción del Estado es la resultante de la acción coordinada y conjunta de los individuos.
Algo más todavía: Es el individuo el llamado a abrir nuevas rutas al progreso colectivo. Y la educación pública en este sentido no puede ser una excepción. De otra suerte, en vez de una sociedad progresiva y dinámica, tendríamos una sociedad estática, anquilosada y regresiva. No obstante, esta rectoría del Estado, que como vemos no anula sino que estimula la iniciativa particular, la coordina y acrisola, tiene su justificación en la política del Estado de inspirarse en el bienestar colectivo, más que en el provecho individual. Con frecuencia los padres desean para sus hijos aquel tipo de educación que pueda traerle mayores ventajas personales en posición social o fortuna, descuidando, por ignorancia o egoísmo, aquello para lo cual están mejor capacitados.
Por otra parte, sin la intervención efectiva del Estado, se pierden muchos talentos especiales (superdotados), por falta de oportunidad y medios de manifestarse y cultivarse. En uno u otro caso, la sociedad, la Nación, es la que pierde; ora por educar, o tratar de educar, individuos sin talentos y sin vocación en determinados campos de la cultura y civilización; ora por abandonar talentos que, cultivados, podrían significar aportes considerables al progreso colectivo.
El autor es pedagogo, escritor y diplomático
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