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Reportaje especial
Panamá, martes 24 de julio de 2007
 

CHIRIQUÍ. El sitio de la tragedia será un complejo turístico

Cotito descubre sus misterios

En 1941 un pelotón de la Guardia Nacional ejecutó a 12 ciudadanos suizos-alemanes.

Cotito está ubicado en Renacimiento y constituye una gran reserva ecológica de las tierras altas.

ESPECIAL PARA LA PRENSA/Boris Gómez
RECUERDOS. Esta casa ha quedado como testigo de la brutal matanza de los ciudadanos suizos-alemanes.885705
Boris Gómez
RENACIMIENTO, Chiriquí

El tono jovial y vivaz de Marta Schaper, junto a su mediana estatura, hace disimular que es descendiente pura de una familia alemana que llegó a tierras chiricanas en la década de 1930.

Lo cuenta sin muchos traumas: "Un hermano de mi padre fue asesinado por la Guardia Nacional mientras vivía en la colonia fundada por inmigrantes suizos, que estaba en 1941 en lo que hoy es la finca Cotito Boor (ubicada en Renacimiento, provincia de Chiriquí) donde hoy nos encontramos", relató.

Ese sitio, que un día fue el escenario de una tragedia, abrirá en marzo de 2008 como una atracción turística que incluirá este elemento histórico, sumado a hospedaje, paseos a caballo, alta cocina, demostraciones de cría de caballo de cuarto de milla y ganado de carne, observación de aves y de especies en vías de extinción.

"Se pueden observar 400 especies de aves y tenemos un reducto donde estamos reproduciendo con mucho éxito zainos en cautiverio, que luego serán liberados para que regresen a su hábitat salvaje", indicó Paúl Berard, propietario de la finca.

Señala que la comida que se les ofrecerá a los turistas se viene anunciando por internet y los clientes están respondiendo muy bien a los anuncios ya que la construcción del hostal de 10 habitaciones, con todas las comodidades y al estilo campestre, está en proceso de iniciar.

La empresa de Berard cría ganado de carne y tiene 50 ejemplares de caballos cuarto de milla. "Les ofrecernos un chef a las familias para que disfruten platos preparados sobre la base de ganado de alta calidad que tiene la finca", afirmó.

Explicó que sus abuelos llegaron a la zona y compraron la finca de uno de los descendientes de los ejecutados. "Les recordamos manteniendo una bandera de Suiza en el lugar".

LA TRISTE HISTORIA

"Mi tío se enamoró de una joven mujer suiza de la colonia y se mudó con ella al perímetro donde por más de 10 años, ciudadanos que rechazaban el modernismo se habían instalado".

Indicó que lo que le contaron sus abuelos alemanes que vivían a 500 metros, es que los guardias vinieron por ordenes superiores a exigir a los colonos que se trasladaran a Panamá para identificarse debido a la Segunda Guerra Mundial.

Marta dijo que los guardias, según los testigos de la época, estaban borrachos y dijeron luego que los europeos rechazaron la orden de retirarse. Se enfrascaron en una balacera falleciendo todos los inmigrantes adultos. Los niños se salvaron debido a que los colocaron en otro lugar.

INVESTIGACIÓN

En la biblioteca de la Universidad Santa María La Antigua puede encontrarse la obra: Cotito, crónica de un crimen olvidado, del jurista e historiador panameño Carlos Cuestas, quien hoy es magistrado del Tribunal Superior de David y presidente de la Academia Chiricana de la Historia.

Los comentarios de especialistas dicen que Cuestas presenta con objetividad, claridad y equilibrio, a través de sus seis capítulos, un pasaje histórico que, por razones oscuras, hoy se comienza a esclarecer.

Jorge Kam Ríos, en un artículo comenta la obra y señala que "por primera vez la historia de la matanza de los colonos suizo-germanos de Cotito escapa del estilo tendencioso, politiquero y amarillista y se coloca en una dimensión más objetiva: la acción desalmada llevada a cabo contra hombres, mujeres y niños en una mañana de 7 de julio de 1941; un incidente acaecido en la región chiricana de Cotito.

Fueron 12 muertos: 8 suizos y 4 alemanes. Nueve eran hombres y tres eran mujeres. Los niños sobrevivieron, según Marta Schapper, gracias a que los adultos los escondieron.

EL CINE

Paul Berard señala que un productor colombiano está escribiendo un guión para recrear la triste matanza y busca ayuda internacional para conseguir los fondos y producir una película

Cuestas relata la irracional conducta del capitán Antonio Huff quien, "más allá del deber", irrumpió con furia contra los "hospitalarios" colonos suizos-germanos, quienes, dirigidos por Karl Lenher, hombre muy afincado en sus principios religiosos, opusieron resistencia pacífica.

Paul Berard ha destinado un globo de terreno para un pequeño grupo de 18 zainos con la esperanza de que esta especie en peligro de extinción subsista.

"Los estaban acabando los cazadores. Logramos que se reproduzcan, guardamos un pie de cría y luego los liberamos para que sobrevivan", explicó Berard.

El pecarí o zaino fue un elemento muy importante de la fauna en la región de Cotito, donde vivieron los aborígenes que estuvieron al servicio del aguerrido cacique Bugaba, que dio nombre a la región de las tierras altas de Chiriquí.

"En las investigaciones que hemos hecho logramos saber que esta parte fue muy próspera antes de la conquista, debido a que los indígenas tenían comida en abundancia la que podían cambiar por oro", explicó.

Hay tres petroglifos que la delimitan perfectamente, quizás como ruta de comercio.

Hoy el zaino, acosado por los cazadores, se niega a perecer y el reducto de terreno dentro de las tres fincas es para estos animales. Cotito se ubica como una de las grandes promesas turísticas.

Un sobreviviente de la tragedia

En la ciudad de David vive un anciano de nombre Roberto Muller. Subsiste en un lote baldío en las cercanías de la Policía Nacional de calle Quinta.

Muller por muchos años fue tildado de loco por los davideños. La verdad de Muller es que es uno de los sobrevivientes de la tragedia de Cotito, explicó Paul Berard.

"Él no está loco sino que fue uno de los niños que no fue sacado del país a Estados Unidos y permanece en Panamá", indicó.

A Muller, un verdadero personaje davideño, muchas veces lo reprendían por liberar a los animales en cautiverio y por su animadversión a los símbolos arnulfistas, pues Arnulfo Arias era el presidente en 1941.

El periodista Juan B. Gómez manifestó en su programa de radio que su padre, Abel Gómez, un connotado fiscal de la época, quiso investigar el caso.

"No lo dejaron investigar y lo que hicieron fue trasladarlo. Era necesario ahogar la dura verdad de lo que ocurrió el 7 de julio de 1941". La historia siempre será recordada, más ahora cuando Cotito será punto de encuentro.

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