| ROCES. DISCREPANCIAS POR SISTEMA DE DEFENSA.
Remanentes de la Guerra Fría
Las cámaras fotografiaron a Putin y a Bush sonrientes, disfrutando de un día de verano del mes de julio.
Semanas después Moscú tomó una decisión radical: suspender un tratado que selló el fin de la Guerra Fría.
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| CAMARADERÍA. Vladimir Putin, según Bush, fue el único que logró atrapar un pez, pero el mandatario ruso se apresuró a decir que fue ‘un trabajo en equipo’. 883516 |
Tilcia Elena Delgado
tdelgado@prensa.com
Algunos medios le llamaron "La cumbre de las langostas". Los protagonistas: los líderes de los países que protagonizaron uno de los conflictos más significativos del siglo XX: La Guerra Fría. El invitado de honor: Vladimir Putin, el anfitrión: George W. Bush: El escenario: Maine, el estado famoso por sus langostas. Allí las cámaras fotográficas grabaron imágenes que acallaron a aquellos que aún hurgan entre los remanentes de la Guerra Fría, finalizada hace casi 16 años.
Tras solo días de protagonizar una contienda que amenazó con romper las relaciones entre Estados Unidos y Rusia, y despertó los temores por una nueva carrera armamentista, Bush y Putin aparecieron radiantes a principios de julio en un ambiente de absoluta camaradería para celebrar los frutos de una buena pesca y el gusto por las mascotas. Se hizo gala de sonrisas, muestras de afecto, de cordialidad...
Entonces, todo parecía indicar que los roces surgidos por las intenciones de Estados Unidos de establecer un escudo antimisiles en Europa del Este, con el fin de protegerse de posibles amenazas de Irán, se los llevarían los vientos veraniegos de Maine.
"Queremos que sea como cuando tuve aquí a François Mitterrand", recordó George Bush padre a un medio local. "Te sientas, sin corbata, en una preciosa casa, mirando al mar, y hablas con franqueza, sin agendas separadas ni gente que te esté pasando notas", dijo el ex presidente (1989-1993) que desde la Casa Blanca vio caer en pedazos la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Así, relajados, lejos de las presiones y de los consejeros, el mandatario ruso expandió su propuesta de que el radar de la República Checa se aloje en la república de Azerbaiján, al igual que las instalaciones de misiles que Estados Unidos propone en Polonia, que Rusia prefiere ver en países de su influencia. Bush apreció la sugerencia, pero insistió en que ambas naciones deben formar parte del plan.
La llamada "Cumbre de la langosta" terminó sin acuerdo y con las mismas diferencias en asuntos como la independencia de Kosovo, a la que se opone Moscú, el futuro de los tratados de desarme, o el deterioro de la democracia rusa y la política internacional de Bush. Sin embargo todos creyeron que, al menos, el encuentro serviría para bajar las tensiones y tender el puente de la cooperación entre aquellos rivales históricos. No fue así, ni las sonrisas ni los abrazos sirvieron de mucho.
Las declaraciones de altos funcionarios rusos contra los planes de seguridad de Washington cobraron calor tan pronto como Putin abandonó Estados Unidos. La estocada final la dio el propio Putin, un ex agente del servicio secreto ruso (KGB).
La semana pasada resolvió suspender el Tratado de Fuerzas Convencionales en Europa, un acuerdo clave forjado durante la Guerra Fría para el control de armas. La decisión fue interpretada como una respuesta directa a los planes de seguridad de Estados Unidos y fue aplaudida por los rusos, entre quienes crece la antipatía por el gobierno de Bush. Putin ha acusado a Washington de utilizar Europa en una carrera de armamento nuclear que, según él, ya está en marcha, y ha anunciado que su país se verá obligado a apuntar sus misiles hacia objetivos de Washington en el continente.
Es a ese ritmo que resurge la dialéctica de la Guerra Fría.
Preocupación por la política exterior de Moscú
Hay diferencias claras y fundamentales entre Rusia y Estados Unidos en temas de política exterior. Según analistas a algunos gobiernos occidentales les preocupa que, bajo el mando de Putin, Rusia no sólo se haya alejado de determinados principios democráticos, sino que respalde a regímenes que ellos consideran autocráticos o no liberales.
Ponen como ejemplo el hecho de que Rusia obstaculice la toma de medidas más fuertes contra Irán, bloquee la imposición de sanciones de las Naciones Unidas a Sudán, estreche sus lazos con la junta militar de Birmania y apoye política y económicamente a Bielorrusia y Uzbekistán. Las herramientas de que dispone Moscú para llevar a cabo una política exterior revigorizada son limitadas, pero muy efectivas.
Moscú no ve con buenos ojos el incremento de la presencia económica, política y militar de Estados Unidos en las ex repúblicas soviéticas, algo que considera un intento de reducir su influencia en la región.
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