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Reportaje especial
Panamá, viernes 20 de julio de 2007
 

HISTORIA ESCRITA POR UN PANAMEÑO.

‘La corona hecha pedazos’

Horacio Bustamante

En el año 1987 la Editorial Hachette, de Francia, segunda en importancia en el mundo, publicó un libro en francés, traducido al español, y que causó sensación en todos los paÍses donde fue distribuido. Se trata de una historia tan verídica como explosiva, que pone en duda la legitimidad de la monarquía actual inglesa.

El libro, cuya traducción al inglés fue rechazada por las editoriales británicas, se titula La corona hecha pedazos y lo escribió un diplomático panameño quien hoy firma este artículo.

Deseo contarle a mis mis compatriotas la razón que me condujo a escribir esta obra y los momentos de gran emoción que conocí ante los comentarios publicados por los diarios y las entrevistas en radio y televisión en numerosos países. En Panamá, si bien estuvo en librerías, fue poco publicitado en un artículo de un diario local y no recibió la resonancia que conoció en Europa y América Latina.

Guardo en mis archivos todos esos recortes, muchos de página entera con títulos sensacionalistas y todas las grabaciones de las entrevistas a las que fui invitado por los diferentes medios de comunicación. Conservo como un tesoro todas las pruebas que acumulé en diversos países para justificar las realidades de mi libro el cual tuvo también como base los relatos de familiares míos que vivieron en persona esta maravillosa historia.

El 4 de mayo de 1789 nació en Londres un niño cuya madre era una dama de la Corte inglesa y su padre, el entonces príncipe de Gales, quien, más tarde, sería el Rey Jorge IV de Ingleterra. Los rigurosos principios monárquicos de la época obligaron al príncipe a no reconocer a ese hijo y forzaron a su madre a ocultarlo en el hogar de una familia irlandesa de apellido Hines, bautizándolo con el nombre de Miguel.

Cuando Miguel Hines tenía 18 años, su madre murió dejándole una carta en la cual le contaba su origen y los sufrimientos pasados por ella. Un día, ante quienes lo estimulaban para ejercer sus derechos reales, destrozó la carta de su madre dejando con ello la Corona hecha pedazos.

Y se enroló en la armada inglesa que partía para América a conquistar la Argentina. Tras la derrota de los ejércitos ingleses cayó herido en Buenos Aires y recogido moribundo frente a la Iglesia de la Piedad por un matrimonio español que fueron sus segundos padres adoptivos.

En América, aquel hijo de quien entonces ya era el Rey Jorge IV de Inglaterra , adquirió gran prestigio ocupando altos puestos oficiales en Uruguay, donde conoció a una distinguida joven de nombre María González con la que se comprometió para casarse.

En esa época Jorge IV solo tenía como heredera a su hija, la princesa Carlota, la cual falleció de parto dando a luz un hijo muerto.

Cuando el rey enfermó gravemente, no tenía herederos y un importante personaje inglés viajó al Uruguay para decirle a Miguel que su padre estaba dispuesto a reconocerlo.

Por encima de convertirse en uno de los soberanos más importantes de esa época, primó en Miguel su orgullo ante los recuerdos del pasado y sobre todo su compromiso matrimonial con su amada novia María. Con la caballerosidad que le caracterizaba, rechazó el ofrecimiento de heredar la Corona del imperio británico cuando falleciera su padre. Si hubiese aceptado, ¿qué dinastía ocuparía hoy dia el Palacio de Buckingham?

En esos años gobernaba en Buenos Aires el tirano Rosas y Miguel Hines con su alma humana y generosa decidió darle refugio en Uruguay a las personalidades que huían del terror en la capital argentina.

En Uruguay tenía el poder un amigo íntimo de Rosas, el general Manuel Oribe, quien veía a Miguel Hines como un enemigo de ambos.

En altas horas de la noche del 19 de agosto de 1843, unos gauchos entraron a la estancia de Hines, quien buenamente les ofreció un trago. Como respuesta, un cuchillo le atravesó la garganta.

El hecho de que un barco inglés estaba fondeado en el puerto, bastó para que las autoridades uruguayas dieran a entender que de ese buque había procedido la orden de Londres de asesinarlo. Sin embargo, la población pudo comprobar que en los mástiles de la nave ondeaban las banderas a media asta por la muerte de quien se sabía que era el hijo del Rey de Inglaterra.

Miguel Hines tuvo con María siete hijos.

Su hija mayor, llamada Josefa, era mi bisabuela, madre de mi abuela materna.

Aparte de los numerosos documentos que como he dicho encontré en archivos, bibliotecas, e instituciones de todo tipo en Inglaterra, Irlanda, Argentina y Uruguay, quedaron los innumerables relatos orales que el mismo Miguel Hines hizo a sus descendientes con los detalles que relato en mi libro. Los escritos abundan y los recuerdos perduran en libros de otros autores narrando episodios de la vida de Miguel Hines y que también formaron parte de mi bibliografía.

Como es natural, mi libro tiene un 80 por ciento de realismo y el resto es ficción, pues es evidente que gran parte de los diálogos que escribo son para darle el sentido novelesco que lo hace leer con agrado, interés y mucha emoción del que carecería un simple texto de historia.

Hoy día, en el torbellino de la vida moderna ya no es importante lo que se siente por descender de un ilustre antepasado, sino un profundo respeto. Para mí lo que cuenta en la actualidad es el de haber sido aquel ciudadano extranjero que conoció un día una hermosa panameña con quién se casó y formó una familia y que hace 45 años me naturalicé panameño, convirtiéndome en ciudadano de un país al que le debo y agradezco profundamente las altas distinciones que he recibido.

El autor fue embajador de Panamá



 
 
 
 
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