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Reportaje especial
Panamá, miércoles 18 de julio de 2007
 

VIENE DE LA 1B. PROPIEDADES BOTÁNICAS.

Recetas y supersticiones

El mismo caldero de la sopa es el que sale en las películas, donde las brujas hacen sus pociones.

Una de las ‘pociones’ más mágicas es la proteína que se crea al combinar frijol con maíz nixtamalizado.

LA PRENSA/David Mesa
882433
Ana Alfaro
Especial para La Prensa

vivir+@prensa.com

Desde la prehistoria, el hombre ha conocido la importancia de las especias y hierbas, intuitiva o científicamente, dependiendo de la era y del acervo científico o inclinación supersticiosa de su cultura o grupo demográfico.

Recientemente vi El Laberinto del Fauno, donde este le ordena a la niña Ofelia colocar una raíz de mandrágora debajo de la cama de la madre, con leche y dos gotas de sangre. La mandrágora parece ser favorita de brujitos y hechiceros, puesto que también juega un papel importante en Harry Potter; en el medioevo, los nobles llevaban colgadas del cuello naranjas repletas de clavo de olor, para curarse de sabe-Dios-qué, y por supuesto, siempre estaba el alcanfor y las sales de oler, para despabilarnos; los venenos para entumecernos, y si queríamos una noqueada menos permanente, una buena dosis de etilo, preferiblemente con bayas de enebro (o sea, ginebra, darling).

Muchas hierbas tenían conocidas propiedades sanatorias en Europa, y lo que hacía el opio por los chinitos de oriente, lo cumplía el peyote con nuestros propios nativos de este lado del charco; antes de que se descubrieran las bondades de la penicilina, el moho y la reacción química que causaba con el trigo dieron pie a epidemias de alucinaciones que causaron incontables cacerías de brujas.

Los sacerdotes estaban a cargo del incienso y mirra que les daba esa conexión especial con los del más allá, mientras que las personas con grandes conocimientos botánicos muchas veces eran despreciados y tildados de hechiceros, según el humor del señor feudal de turno. Traigo esto a colación porque, aún hoy, no debemos perder el sentido común; ni adjudicarle cualidades mágicas a pepas que venden charlatanes (¡cura milagrosa! ¡pierda veinte libras en cinco días!) ni olvidar maravillas naturales, realmente beneficiosas para el hombre, como, p.e., el resveratrol de las uvas, o las magníficas propiedades de la quinoa. Tal vez no podamos volar en escobas como Harry Potter, pero sí podemos hacer nuestras propias pociones mágicas, que brinden salud o sino, por lo menos, un poco de placer.



 
 
 
 
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