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Reportaje especial
Panamá, miércoles 18 de julio de 2007
 

ESTADOS UNIDOS.

Humillante proteccionismo electoral

Sergio Muñoz Bata

Por más simpatía que uno quiera sentir por las tribulaciones e incertidumbres que la clase media estadounidense dice sufrir con la globalización, los tratados de libre comercio y la inmigración, lo inadmisible es el humillante trato al que demócratas y republicanos intentan someter a naciones soberanas como México, Guatemala, Honduras, El Salvador, Panamá, Perú y Colombia.

El mes pasado, la gran decepción fue el fiasco con la reforma migratoria y el triunfo de la mano dura en un asunto que por su propia naturaleza solo podrá resolverse cuando se enmarque dentro de una perspectiva multilateral que considere la procedencia global del exorbitante número de inmigrantes indocumentados que vive y trabaja en Estados Unidos.

El mes próximo, una delegación de congresistas de estadounidenses, encabezada por el representante demócrata neoyorkino Charles Rangel, viajará a Perú y Panamá a exigir a los congresos de ambos países que modifiquen sus leyes laborales a satisfacción de los votantes en Ohio, Iowa, o Michigan como condición a la aprobación de los tratados de libre comercio con esos países.

Lo peor, sin embargo, le ha tocado a Colombia y a su presidente Álvaro Uribe, sin duda el aliado más fiel de Estados Unidos en la región. El trato y el plazo que el sector más proteccionista del Congreso estadounidense ha impuesto a Colombia son intolerables. El pretexto para no avanzar en la aprobación del tratado de libre comercio es la exigencia de que en un lapso indeterminado, el presidente Álvaro Uribe resuelva las centenarias insuficiencias del sistema judicial colombiano y castigue a quienes asesinan a sindicalistas en Colombia por la violencia que provoca el consumo de drogas en Estados Unidos.

Lamentablemente para los países amigos de Estados Unidos en la región, la campaña para elección de 2008 ya empezó, y si algo tiene claro la dirigencia demócrata es que el partido que logre lidiar con la globalización y la seguridad económica será el ganador.

En medio de esta confusión no han faltado las voces de políticos, académicos y expertos que utilizan a los principales medios de comunicación para acusar a uno de los dos partidos de haber perdido a América Latina. Para el Wall Street Journal, los demócratas son los responsables de la pérdida; para el Washington Post, el culpable fue el presidente George W. Bush. Más salomónico, un artículo de opinión en el New York Times culpa a ambos. ¿Cómo puede un país perder algo que nunca le ha pertenecido?

En el intercambio de acusaciones, hay quien sostiene que la relación entre Estados Unidos y América Latina está pasando ahora por uno de sus peores momentos. ¿Peor que en la década de los 80 cuando ocho países del área tuvieron que aunar esfuerzos para oponerse a la política de Ronald Reagan? ¿Peor que en el siglo XIX cuando sucedieron 43 intervenciones militares estadounidenses en la región o que en el siglo XX cuando solo hubo 39 invasiones?

Definitivamente no. Hoy la gran pregunta es si: ¿Ante la elección de 2008 podrán Estados Unidos y América Latina fincar una sociedad basada en la confianza recíproca o si la política estadounidense hacia Iberoamérica dependerá de los cabilderos del azúcar en la Florida, los sindicatos de Detroit, el prejuicio antiinmigrante en el sur del país o las inseguridades de la clase media ante una globalización auspiciada por la ambición estadounidense?

El autor es miembro del consejo editorial de Los Angeles Times



 
 
 
 
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