Ciudadanos de la A a la Z
La sociedad civil solidaria
Es un actor importante en el juego de contrapoder en temas diversos.
Si la S de lo social no nos salva, estaremos en problemas. En estos tiempos, en que articulistas y pensadores del Norte quieren condenar lo social por sospechoso, la esperanza del desarrollo pasa por las diversas conjugaciones de esta palabra.
En esta penúltima entrega de Ciudadanos de la A a la Z, abordamos dos temas clave manipulados hasta la saciedad, pero novedosos y emergentes si los releemos con calma.
El diccionario de la ciudadanía se adentra en su propia esencia: la Sociedad Civil y en uno de los principios sólidos de la construcción democrática: la Solidaridad.
SOCIEDAD CIVIL
Utilizada por unos, temida por otros, necesaria para todos, la sociedad civil se ha convertido en el caballito de batalla de este principio de siglo.
¿Qué entendemos por sociedad civil? Es el resultado de la asociación, colaboración o acción de varios ciudadanos y de la interrelación de estas ‘asociaciones’. Es decir, es la arquitectura social construida desde la ciudadanía, no desde el poder político, religioso, militar o económico.
La sociedad civil puede contener a todos o a la parte, pero lo más importante es que en las últimas décadas ha debido ser tenida en cuenta.
Las Organizaciones No Gubernamentales, quizás el principal bastión de la sociedad civil, son un actor importante en el juego de contrapoder en temas tan diversos como los derechos humanos, la ecología, los derechos civiles y políticos, el comercio justo, la protección de los animales, la lucha por la equidad, etcétera.
SOLIDARIDAD
Tan frágil y tan sólida, la solidaridad es lo contrario a la caridad o a la compasión social. La solidaridad parte de un principio horizontal. Es decir, sí somos todos iguales y, por tanto, la ayuda o colaboración es un acto moral de responsabilidad y casi de hermandad.
No se trata pues de ayuda al más débil porque es débil o desde la fortaleza del que está mejor, sino desde la responsabilidad de ciudadanos que compartimos espacio y anhelos. Veámoslo desde este punto de vista: la caridad puede ser un valor individual tranquilizador, pero socialmente es poco o nada lo que construye.
Esto que parece poesía tiene traducciones bien prosaicas. Por ejemplo, cuando se aborda la ayuda a una comunidad vulnerable o excluida, la caridad no pregunta, sino que decide qué hace falta. La solidaridad entre iguales parte de la existencia real y social del Otro y, por tanto, pregunta, surge de la concertación, del acuerdo.
Cuando se reclama solidaridad con muchas causas o colectivos, el primer acto solidario consiste en conocer al otro, en entender el porqué de su situación y, a partir de ahí, construir con él las alternativas de ayuda o colaboración solidaria.
¿Matices semánticos? No. Realidades que han marcado el despilfarro de recursos de la ayuda internacional y de los proyectos sociales nacionales durante décadas.
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