| ENSAYO ELECTORAL.
Las asambleas juveniles
Guillermo Walker Franco
Educar con el ejemplo, es un apotegma de moda en nuestra sociedad el cual no debe ser solo atribuible su cumplimiento al educador que orienta, que enseña y transforma.
Se trata de un principio, o, si se quiere, de una normativa que como adultos y mediante actos dignificantes y ejemplarizantes debemos cumplir si queremos disponer y preservar una generación de jóvenes con propensión al rechazo de los antivalores y orientados hacia derroteros de desarrollo y progreso social y ético en nuestro país.
En consecuencia, es menester e impostergable proporcionarles los ingredientes requeridos para que puedan enfrentar con éxito los retos que el futuro en una sociedad tan convulsionada como la nuestra les depara. Por tanto, qué mejor manera de hacerlo que no sea a través de patrones paradigmáticos que promuevan un remozado y real liderazgo que se fundamente en los sagrados principios éticos, que no se asemejen exactamente a los que en la actualidad y dentro de lo político desarrolla cierta membresía de nuestra Asamblea Nacional, órgano del Estado y principal proponente del evento anual conocido como las asambleas juveniles.
Conceptuamos, que no son los momentos ni las circunstancias propicias para la promoción y ejecución de este tipo de actividades dirigidas a nuestros jóvenes estudiantes por parte de un órgano del Estado panameño tan custionado por la sociedad civil panameña.
Es entonces imperativo que se suspenda este tipo de evento, hasta tanto no se observen muestras concluyentes y fehacientes de carácter rectificatorio y se emitan señales claras que avisoren mejores días para la legislatura panameña que hagan cambiar la percepción ciudadana que en estos momentos se tiene sobre este órgano del Estado.
Estas muestras de cambio anhelados por el país podían ser:
1. Desistir todos y cada uno de la continuidad de los llamados "privilegios de los diputados".
2. Concluir con el tercer debate (y no retrotraerlo a primer debate como se ha hecho) sobre la modificación auténtica -no cosmética-, del instrumento jurídico que norma sus actuaciones públicas y políticas, cual es su Reglamento Interno y que suspicazmente se efectúa a puerta cerrada.
3. Reconocer y aceptar la necesidad de abrogar la inmunidad parlamentaria que los exime de imputaciones por la comisión de delitos durante su vigencia como parlamentarios.
4. Aceptar como un hecho real, la eliminación definitiva de las partidas circuitales que les representaba el manejo caprichoso de unos 500 mil balboas.
No estamos en contra de un proyecto siempre y cuando tienda a cultivar el sentido cívico y ciudadano de nuestros jóvenes. En lo que discreparemos a nuestro entender es en que a través de una maquinaria propagandística bien organizada y con argucias politiqueras como se ha hecho y se sigue haciendo en este y otros órganos del Estado, se continúe capitalizando el ingenuo entusiasmo de los jóvenes de nuestro país para fines político-partidistas. Esto es deleznable.
Nos parece entonces, que ni el Tribunal Electoral ni la Dirección para la Promoción de la Participación Ciudadana y mucho menos el Ministerio de Educación, institución esta última comprometida con el desarrollo integral del educando en lo intelectual moral y por ende ético, deberían patrocinar este tipo de evento en arreglo con la Asamblea Nacional el cual según lo previsto deberá llevarse a efecto del 29 de julio al 3 de agosto y que irónicamente tiene como lema "intentar promover un nuevo liderazgo político que exprese la vigencia de los principios éticos y morales en el quehacer político".
No dudamos en considerar igualmente, que existen otros escenarios con otros actores mejor calificados que puedan sopesarse para llevar a cabo este ensayo juvenil electoral.
Concluimos inquiriendo en la razón por la cual se insiste en darle continuidad a este tipo de actividad dada la marcada pérdida de clases en nuestros colegios.
El autor es docente y periodista
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