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Panamá, domingo 15 de julio de 2007
 

LA DOBLE MORAL.

El fin no debe justificar los medios

Marie L. G. De P. de Cornejo

Existen formas incorrectas de actuar que a pesar de ser criticadas una y otra vez, no dejan de suceder. Una de estas es la doble moral.

La doble moral se ha convertido en un estilo de vida. La popularidad de su aplicación en muchas facetas del diario vivir, la ha convertido de un acto bochornoso, en lo que muchos equívocamente juzgan trivial, usual e inofensivo. La doble moral se practica inconscientemente, y quienes toman sus decisiones basadas en este criterio, piensan que no afectan a nadie, y que por el contrario éste es el camino más rápido para lograr objetivos con intereses personales o de otra índole.

El problema radica en que esta forma de pensar y de actuar no solamente involucra un solo concepto, sino muchos. Los que pecan de tener doble moral, pecan igualmente de ser parciales, hipócritas, mentirosos, soberbios, racistas, sexistas e injustos.

Haz lo que te digo, no lo que hago, es sin lugar a dudas el mejor ejemplo de lo que es actuar con doble moral. Hay acciones que pasan inadvertidas pero que son actos de doble moral que vamos inculcando en nuestros hijos desde pequeños. Un perfecto ejemplo es decirles que no tiren papeles en la calle, pero delante de ellos lo primero que hacemos es tirar el papel del chicle o la colilla del cigarrillo por la ventana del auto. Y allí partimos. El caso más popular de doble moral es el adulterio, donde a los hombres se les denomina galanes por sus conquistas y a las mujeres de esos galanes, pues todos conocemos los términos que se les aplican.

La faceta donde la práctica descarada de la doble moral es realmente peligrosa, es en la política. Es aquí donde los que establecen las reglas no las practican, pero sí las aplican. Los políticos simulan lo que no son y disimulan lo que no les conviene que se sepa. Gobernantes anteriores que hicieron lo mismo o peor, convertidos ahora en personificación de honestidad y moralidad se dan a la tarea de criticar los gobiernos presentes, sin recordar por un solo segundo lo que con las bajezas de sus actos sometieron a nuestro Panamá.

Si bien es cierto que de la crítica los inteligentes corrigen sus errores y rectifican su rumbo, hay casos en que cuando las mismas provienen de quienes alimentaron su ego y llenaron sus bolsillos con la vejación y el dolor de un pueblo, son inaceptables.

La doble moral es un criterio fácil de adoptar y difícil de eliminar y son muy pocos los que conscientemente tratan de no actuar de esta manera. Sobre la falsedad, el favoritismo y la hipocresía no se construye con bases sólidas. Si para empezar mentimos, nada de lo que hagamos tendrá credibilidad y nadie nos tendrá confianza. Esperar dirigentes totalmente exentos de la práctica de doble moral es pedirle peras al olmo, pero si toman conciencia y hacen el esfuerzo de eliminarla de su lista de opciones, serían más justos y se lograría la apertura de iguales oportunidades para todos los que hacen el esfuerzo por construir un Panamá próspero y libre de resentimientos sociales.

La autora es panameña residente en EU



© 2007. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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