| CONTRARIEDADES.
Prosperidad para todos
Xavier Sáez-Llorens
xsaezll@cwpanama.net
Fui invitado por Transparencia Internacional (TI) al foro titulado "Un Panamá próspero para todos". Me desagradan los coloquios motivacionales porque, usualmente, son dictados por charlatanes que, además de ser expertos en el arte de la oratoria manipuladora, despliegan inusitada habilidad para generar ingresos a costa de patrocinadores y audiencias incautas. Decidí asistir porque la directiva local de TI goza de mi credibilidad, Stephen Covey es un personaje rodeado de prestigio en materia de liderazgo ético y el tema central del evento versaba sobre la pobreza. Aunque hubo planteamientos interesantes por algunos de los panelistas, al final no quedé completamente satisfecho. Mi descontento parcial obedeció a que el tiempo para preguntas del público fue extremadamente escaso, algunas charlas fueron poco convincentes o superficiales en contenido y no se invitó a humildes panameños para exponer sus propias calamidades y aspiraciones. Que un rico hable de pobreza despierta cierta desconfianza a menos que el individuo en cuestión haya experimentado, en carne propia, los placeres y sinsabores de ambos extremos. Destacaré algunos conceptos emitidos y mis reservas sobre ciertas soluciones propuestas.
Me gustó la descripción sobre la sensación de felicidad triste que provoca la bonanza económica que experimenta nuestro país. Con 40% de población excluida de este auge capitalista, la situación no es solo deprimente y vergonzosa sino potencialmente explosiva y peligrosa. Antes de entrar al análisis, conviene destacar que el remedio a la pobreza no descansa en ideologías de izquierda o derecha, sino en políticas de equidad y justicia. De nada sirve elegir a un exitoso economista o a un carismático populista para intentar arreglar la desigualdad criolla si no modificamos la conducta vagabunda, mezquina, avariciosa y tracalera de gran parte de nuestra sociedad y si no erradicamos la práctica de todos los políticos en el poder de implementar agendas sociales para ganar adeptos a costa de satisfacciones poblacionales efímeras. De no depurar estos habituales comportamientos, lo único previsible es que honraríamos una frase de García Márquez, un tanto modificada, la cual señala que el día que las heces tengan algún valor, los pobres nacerán sin trasero.
Estimular la creación de micro y pequeñas empresas resulta imperativo para impactar la generación de empleo de manera visible. Esta estrategia depende primordialmente de propiciar el fomento de créditos, titulaciones masivas de tierras y actividades de desburocratización estatal que permitan al ciudadano humilde convertir sus talentos y activos en capital. Para alcanzar estos objetivos, es vital la participación activa de las comunidades en la toma de decisiones sobre cómo invertir la riqueza nacional en el desarrollo de infraestructuras y proyectos para cada área geográfica de producción. El éxito de dichos programas descansa en la aniquilación del concepto generalizado de que el "juega vivo" es un mecanismo legítimo, fácil y rápido, de resolver carestías. En una nación de políticos y empresarios corruptos, impunes o privilegiados, veo difícil a corto o mediano plazo acabar con la podredumbre que gobierna el pensamiento de un segmento importante de nuestra población. Lamentablemente, en este momento, realismo supera a optimismo y mis esperanzas son escasas.
La pobreza del país guarda también proporción directa con el porcentaje de tierras no tituladas que nulifican iniciativas privadas de inversión ciudadana. Desafortunadamente, las áreas costeras, rurales e indígenas están siendo vendidas a adinerados locales y forasteros que las utilizan para especulaciones de mercado o establecimiento de oligopolios comerciales. No hay forma posible de incorporar a la gente necesitada al mundo empresarial si la educación y salud continúan siendo inaccesibles o paupérrimas para las mayorías excluidas. Hasta que no vivamos en un país más justo y simétricamente distribuido en condiciones básicas de existencia, desregular la actividad gubernamental puede incluso empeorar la situación actual. Necesitamos articular medidas educativas contundentes y brindar herramientas efectivas para reducir el crecimiento demográfico en áreas de miseria, impulsar la inclusión y evitar la deserción escolar de niños humildes y lograr que haya una competencia entre educadores y planteles públicos, permitiendo la matrícula libre a criterio parental y otorgando compensaciones por calidad, tal y como ocurre en el sector privado. Tristemente, mientras esperamos salir de la mediocridad educativa, la universidad nacional baja la calificación requerida de admisión y admite alumnos con enorme déficit de preparación y conocimiento.
El rol de las organizaciones no gubernamentales en el combate de la pobreza me produjo sentimientos de ambivalencia. Por un lado, concuerdo en que algunas de ellas han ayudado al fortalecimiento de la sociedad civil, canalizando las protestas ciudadanas a través de liderazgos creativos, influenciando las políticas nacionales de desarrollo y dinamizando la gestión de recursos económicos o humanos para programas de cooperación destinados a la búsqueda del bien colectivo. Por otro lado, sin embargo, muchas de ellas han enfocado sus actividades en la caridad perpetua y no en una solidaridad transformadora. Otras han sido fundadas más para ganar imagen social, deducir impuestos, buscar votos electorales, aparecer en portadas de revistas del jet set o promover fundamentalismos religiosos.
Sin duda, la conferencia más profunda y provocativa examinó el desarrollo de las regiones indígenas como asunto clave para mejorar los índices de pobreza. Nuestros aborígenes no se sienten pobres, sino marginados. Por tanto, el progreso de estas minorías se debe basar en trabajar con ellos y no para ellos. Es indispensable empoderar a los habitantes de las comarcas para hacerlos partícipes de su propio bienestar, ofreciéndoles salud y educación de calidad, pero respetando su cultura, ecología, tradición medicinal e identidad étnica. El Gobierno debe dotarlos de agua potable, seguridad alimentaria, energía eléctrica, caminos de acceso, capacitación turística y acceso a créditos bancarios. En contraparte, no obstante, los indígenas deben obedecer las leyes nacionales, eliminando las intransigencias y prácticas de corrupción de sus propios caciques. Tampoco caben sus exigencias de abultados privilegios con argumentos de que sus antepasados fueron los primeros habitantes de Panamá porque si vamos en dirección retrógrada, los beneficiados deberían ser simios y organismos de menor complejidad evolutiva.
Por último, debemos tener claro que, en muchas instancias, la euforia económica por sí sola puede agravar la pobreza porque la gente se expone a un incremento de vicios consumistas y deudas automáticas. Esta paradoja la resumiría en la siguiente frase, "La pobreza no es solo la ausencia de tangibles riquezas, sino la abundancia de superfluas necesidades".
El autor es médico
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