De acuerdo con estadísticas de la Contraloría, actualizadas hasta el quinquenio 2000-2005, en Panamá muere un promedio de 4 niños menores de un año por día. Eso es algo así como un bebé cada seis horas. Y solo este segmento de las defunciones representa una media de casi el 10% de todas las muertes que se registran anualmente. Son niños que nunca tuvieron una oportunidad, ni siquiera aprendieron a caminar.
Para un país como Panamá, que presume de riqueza, crecimiento y oportunidad, estas estadísticas son una vergüenza. Los números también dicen que somos de los países que más invierte en educación y salud en la región, pero hay que ver de qué clase, pues esas “inversiones” son en realidad gastos de planilla.
Es de una hipocresía que nos cuenten historias de números bellos, ignorando que esas cifras también revelan historias de horror. Al celebrar esta feliz fecha –Día del Niño– recordemos también que, mientras hoy regalamos un juguete, un bebé puede estar muriendo en este mismo momento.
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