| LICITACIONES Y MÁS.
Sigámosle la pista al Canal: Marcos A. Mora R.
Marcos A. Mora R.
Recientemente se llevó a cabo la primera licitación para el movimiento de tierra que demandarán los trabajos de ampliación del Canal de Panamá y que fuera ganada provisionalmente por la muy reconocida empresa panameña Constructora Urbana, S.A. (CUSA), cuya propuesta económica por B/.41.0 millones resultó ser la más baja. Si la empresa llegó a escasos 5 minutos de la hora límite oficial, y si sus directivos resultan ser familiares cercanos al hoy administrador de la Autoridad del Canal de Panamá, Ing. Alberto Alemán Zubieta, me tiene totalmente sin cuidado. Desde mi punto de vista, las anacrónicas leyes que impiden que familiares dentro de esos grados de parentesco puedan concursar en dichos proyectos o que se prestan al morbo deben ser superadas siempre y cuando existan los adecuados mecanismos de transparencia como estábamos generalmente acostumbrados a presenciar en la antigua Comisión del Canal, así como hasta ahora en la Autoridad del Canal, donde para ejemplo del resto de las agencias gubernamentales, al consultarse en su página web se registra la constancia de aquellas empresas que no pueden licitar más allí por haber incumplido sus compromisos contractuales. Digno ejemplo este último para ser imitado por ministerios como Educación y Obras Públicas, que como consta a todos los panameños, reciben trabajos que al poco tiempo están deteriorados o bien no se reciben a su debido tiempo y por lo cual no pasa absolutamente nada a los contratistas.
Siendo lo más justo posible, tengo que reconocer que algo se está rectificando por los lados del MOP, donde se han impuestos multas significativas y se ha prohibido la participación de contratistas irresponsables.
En materia de licitación hay algo a lo que nunca podremos aspirar y es a eliminar la posibilidad de fuga de información que pueda haber a nivel de un familiar en posición de obtenerla o sencillamente a nivel de un amigo o un desconocido que desea cobrar por ello. En la empresa donde laboro fuimos afectados porque un pariente de la representante legal de la misma decidió aceptar un alto puesto público en una institución en la que previamente habíamos prestado servicios de consultoría técnica por más de dos décadas. El funcionario en mención era y es una persona sumamente seria y con un prestigio muy bien cimentado en el país y no tenía ninguna participación accionaria en nuestra empresa, que de haber renunciado a ella, en caso de tenerla, tampoco nadie lo hubiese creído.
Siempre queda el dilema de si antes de aceptar el puesto el funcionario debía consultar a nuestra representante legal o bien esta oponerse a su nombramiento, cosa esta que invade los derechos de cada cual.
Yo conceptúo que hasta este momento todo parece indicar que CUSA se ha ganado en buena lid la referida licitación y que por lo chauvinista que anida en todos nosotros, me siento orgulloso de que una empresa de ingeniería panameña, compitiendo contra otras reconocidas mundialmente, haya demostrado estar en capacidad técnica y financiera de acometer este grandioso reto.
Lo que se debe hacer a partir de este momento, por parte de las empresas competidoras, las agrupaciones técnicas panameñas, y por la sociedad en su conjunto, es dar seguimiento a todos los contratos que en la ACP se den, para que se eliminen todas las posibilidades de corrupción, ya que como trabajador de una empresa de ingeniería estoy asombrado de cómo unas empresas cotizan trabajos por precios irrisorios que realmente no se pueden realizar si posteriormente no se tiene posibilidad de obtener una adenda que balancee el costo inicialmente propuesto.
Todavía tengo presente en mi disco duro mental, el caso de una licitación para suministro de agua potable en bloque para abastecer un sector del país en franco crecimiento, que se licitó bajo unos parámetros que luego el Gobierno ajustó una vez asignó el contrato a la firma que ofreció el precio más bajo. Este hecho lo consideraron las empresas competidoras un caso real de inseguridad jurídica, que en el caso de que se produzca en el Canal, sería sencillamente fatal.
Por el prestigio y buen nombre de todos los panameños, ¡sigámosle la pista al Canal!
El autor es economista
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