| LA FRUSTRACIÓN DE UN PUEBLO.
El egoísmo de los malos políticos
Guillermo Roca Rivas
En vista de que se aproxima el torneo electoral del 2009, ya vemos y escuchamos en los medios de información los saludos atentos e hipócritas y las frecuentes visitas de políticos a lo largo y ancho del país.
Se observan las inscripciones de nuevos adherentes en los partidos en formación, las comentadas fusiones de agrupaciones políticas, los anuncios de posibles alianzas partidistas bajo el convencimiento de que si no lo hacen no podrán ganarle el poder al PRD. Los políticos se agitan en los diferentes colectivos y andan haciendo campañas de promesas internas a fin de conseguir las postulaciones para cargos directivos y después las candidaturas de elección popular.
Ahora sin recordar el pasado vienen haciendo promesas de luchar por el bienestar de la nación, cuando todos saben que solo es una demagogia política, a fin de alcanzar sus espiraciones electorales. Según comentarios de la calle, los pueblos están cansados de tantas mentiras y demás. Saben que sus inversiones económicas en materia política no las hacen para el beneficio de la nación, sino para los intereses personales de los políticos.
Todos sabemos, además, que los políticos están constituidos en una especie de clan de nombres y apellidos, debido a que están entrelazados entre sí y en base a ello manejan el destino de la nación a tal grado de creerse que el país es un patrimonio de familia y que el Estado es el centro de sus operaciones. A pesar de que la política es la actividad más importante en la vida de la nación, ellos la han convertido en un negocio para sus conveniencias.
Si nos ponemos a analizar la triste situación moral, política, social, económica y patriótica de nuestra nación, llegaríamos a la conclusión de que los malos políticos son los mayores responsables porque, a través de los años, mediante el tráfico de influencias y del poder, se dedicaron a apadrinar acciones deshonestas en los diferentes estamentos de la administración pública pagar favores políticos. Ello se ha hecho evidente en los privilegios intocables que aún mantienen las burocracias de turno.
Por otro lado está la creación de leyes inconsultas que fueron aprobadas para ganar gracias y los votos de esa juventud sin experiencia, como lo fue la ley que estableció la mayoría de edad a los 18 años, a sabiendas de que a esa edad el ciudadano aún es dependiente se sus padres.
Dicha ley ha traído como consecuencia grandes divergencias entre padres e hijos, en vista de que, según ellos (los primeros), la ley le resta autoridad al responsable de la familia. Los creadores de esa ley fueron los malos políticos con el propósito de conseguir los votos de esa juventud. Se prestaron para desarticular el patrón de conducta que mantenía la familia panameña.
Yo aprovecho la oportunidad para hacer un llamado patriótico a los malos políticos para que cambien sus conductas mediante una profunda reflexión pera evitar el peligro de un posible fenómeno electoral, de que salga del ambiente político un loco con nombre y apellido diferente, que con un eslogan que cale bien en la sociedad, pudiera salir elegido fácilmente como presidente de Panamá, debido a la frustración que siente el pueblo por las actuaciones de los malos políticos, como ha sucedido en otros lares.
Mirando las cosas a tiempo, evitaríamos lo que mañana tendríamos que lamentar todos.
El autor es empresario
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