| CIRCULACIÓN VEHICULAR.
Urbanismo, vialidad y transporte
Ricardo Salcedo
Con el creciente congestionamiento de carros en las calles; la ineficiencia, insuficiencia e incomodidad del transporte urbano de pasajeros, y; el accidente fatal de un autobús incendiado; se ha estado exigiendo a las autoridades de urbanismo, vialidad y tránsito que busquen soluciones para: o remediar, o reducir la magnitud del problema.
En ocasiones, no obstante, se han producido iniciativas de la Autoridad del Tránsito y Transporte Terrestre encaminadas a mejorar las condiciones de circulación vehicular mientras los ministerios de Obras Públicas y Vivienda emprendan soluciones totales, parciales, o por etapas.
Al de Vivienda le compete regular el uso del suelo basado en la densidad poblacional que utilizará los servicios de agua potable y servida, iluminación pública y espacio de calles para la circulación de carros. Por ello, cuando acepta cambios en la zonificación, no solo afecta la calidad de vida de los moradores vecinales originales, el valor de sus propiedades, áreas de esparcimiento y efectividad en la recolección de la basura, sino que: trastorna la circulación vehicular, el suministro de agua potable y puede desbordar el sistema sanitario. Entonces, no se trata únicamente de obtener la aprobación de los afectados en las inmediaciones para realizar un cambio, sino, para que sea moral y materialmente viable, demostrar que con las infraestructuras existentes se puede llegar hasta un límite nuevo y mayor de densidad poblacional, sin comprometer al Estado a incurrir en costosas ampliaciones para favorecer a consentidos "inversionistas".
Al de Obras Públicas le corresponde determinar el ancho y fortaleza de pavimento de calles: para soportar la densidad vehicular de usuarios y la carga por eje; si son áreas de paso entre origen y destino de flujo externo y adicional al tributario local, y; el tamaño y ubicación de los drenajes pluviales. También le compete el estudio: del ensanche de calles y ampliación de esquinas; de la construcción de túneles y de pasos vehiculares a desnivel -como se ha hecho ocasionalmente- y de rotondas, lo mismo que corredores, circunvalaciones e intercambios. Sin embargo, todo el estudio debe corresponder a un plan maestro de desarrollo urbano. Como tal plan no existe y solo hay un regulador sectorial, que incluso no se ha actualizado ni se respeta a menudo, se propicia un caos, como el que sufren numerosas ciudades en el mundo. En cambio, en las bien planificadas existen esos tipos simultáneos de estructuras para manejo de flujo vehicular, así como de transportación masiva tales como: subterráneos, trenes ligeros y monorrieles, buses y trolebuses, y hasta tranvías, que funcionan eficientemente y mantienen la característica y los sitios de interés que las identifica.
En Panamá, tanto las mencionadas por implementarse en diferentes sectores, como un tren ligero que conectara áreas suburbanas y ciudades-dormitorio como Arraiján y La Chorrera con la capital, serían proyectos modernos y eficaces. Con excepción de los buses actuales movidos con petróleo, y por usarse como complemento a otros sistemas, los otros transportes de la ciudad deberían ser eléctricos. Así se reduciría la contaminación ambiental que producen los escapes de motores de combustión, además de que se emplearía energía producida por hidroeléctricas y otras que disminuirían la dependencia del cada vez más caro petróleo.
Mientras algo cristaliza, las autoridades deberían eliminar el estacionamiento vehicular en carriles de calles -algunos hasta con estacionómetros- que nunca fueron diseñados para eso y roban espacio de circulación, provocando un congestionamiento artificial (Vía Argentina). Igualmente, deberían pintar en el piso de muchos cruces de calles la leyenda de: "no pare", para que ni con la luz verde los carros lo hagan y con ello evitar un alto porcentaje de embotellamientos causados por conductores despreocupados de las consecuencias.
El autor es ingeniero civil
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