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Reportaje especial
Panamá, lunes 2 de julio de 2007
 

CIENCIA. UNIVERSIDAD DE HARVARD.

Androides o robots

Investigador científico evalúa los costos y beneficios de los inventos robóticos. Buscan desarrollar un patrón que pueda mezclarse con los seres humanos de manera natural.

REUTERS
Evolución de la robótica.874578
BOSTON, EU /AFP

Los robots todavía son vistos fundamentalmente como herramientas para realizar tareas específicas, incluso cuando actúan de modo autónomo.

Pueden programarse para labores como entregar mensajes, medicamentos y comida en los hospitales, limpieza de áreas públicas, y la vigilancia en general, por citar algunas.

Sin embargo, usar un androide parece tener pocas ventajas, si es que tiene alguna, sobre los robots diseñados para tareas específicas cuando se trata de efectuar tales trabajos. Un robot menos caro, con ruedas, puede servir como mensajero o ser una eficaz aspiradora robótica, realizando esas labores con más rapidez que un androide y con menos consumo de energía.

Pero, los estudios recientes indican que los androides son más capaces de evocar las normas humanas de interacción que los robots de apariencia no humana o que los personajes animados en un monitor. Sin embargo, puede haber un conflicto psicológico en el modo en que los humanos nos relacionemos con los androides.

Ese conflicto está expuesto en la teoría del llamado "Valle Extraño", propuesta en 1970 por el pionero de la robótica Masahiro Mori. La hipótesis sugiere que cuanto más realista y semejante a los humanos parezca un robot, más positivamente reaccionará ante él un humano, pero sólo hasta cierto punto. Cuando el parecido es muy grande, sugiere la teoría, eso produce un sentido de repulsión o aprensión hacia el androide, o quizás incluso la reflexión desalentadora del espectador sobre la mortalidad humana.

"Pero los androides están ahora en una mejor posición para escapar del Valle Extraño", señala Mac Dorman, investigador de la Universidad de Harvard. "Yo estoy interesado en encontrar los principios del buen diseño de androides, que nos saque del Valle, y esos descubrimientos también deberían esclarecer algunos aspectos de la psicología y la neurociencia de la percepción humana".

Si bien puede haber muchos beneficios en construir robots parecidos a los humanos, hay preocupaciones éticas en cuanto a crear dispositivos que susciten sentimientos demasiado hondos, iguales o más intensos que los que puede despertar un animal de compañía como por ejemplo un perro.

"Ellos pueden hacernos sentir bien, pero alimentan nuestro narcisismo y nos distraen de la familia y los amigos, mientras fallan en comprendernos cabalmente", advierte Mac Dorman.



 
 
 
 
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