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Reportaje especial
Panamá, viernes 29 de junio de 2007
 

INGLATERRA.

Nueva era en política exterior

Joaquín Rábago

El nuevo primer ministro británico, Gordon Brown, inició ayer una nueva era en la política británica con una serie de nombramientos, entre los que sin duda destaca el del que será su nuevo jefe de la diplomacia, David Miliband.

Miliband, de 41, años y ministro del Medio Ambiente y Asuntos Rurales en el último gobierno de Tony Blair, es una de las jóvenes promesas del laborismo e incluso se habló de él como posible rival de Brown en la reciente lucha por suceder a Tony Blair.

Consciente de que aún tiene tiempo para llegar a la cúspide, el segundo ministro de Exteriores más joven del Reino Unido, después de David Owen en los años setenta, decidió desoír entonces los cantos de sirena de quienes trataban de evitar la elección sin competencia de Brown al frente del partido y ahora se ha visto recompensado por él.

Hijo de intelectuales de izquierda, Miliband tendrá una cartera sin duda difícil bajo un primer ministro de quien, dada su dedicación exclusiva durante los diez últimos años a la economía británica, apenas se conoce cuáles son sus opiniones en materia de política exterior

Mucho menos pro-europeo que Blair en un país de prensa y ciudadanos euroescépticos, Brown se ha mostrado hasta ahora siempre muy celoso de la soberanía británica en temas económicos, monetarios y de política de competencia, al tiempo que profundamente desconfiado de Bruselas.

Frente a su afición a las vacaciones en Toscana o Cerdeña de su predecesor, Brown ha preferido siempre viajar a la costa este de Estados Unidos y ha cultivado sus contactos con los políticos de aquel país, sobre todo los demócratas, por lo que, pese a su decidido atlantismo, no es de esperar el compadreo con el presidente George W. Bush de su predecesor en Downing Street.

Entre los principales desafíos en política exterior del nuevo gobierno está el tema iraquí, fuente de divisiones entre los británicos, como se vio en la despedida de Blair, cuando un grupo de familiares de caídos en la guerra de aquel país árabe volvieron a acusar a Tony Blair de tener "sangre en las manos".

Brown, quien, al igual que el resto del gabinete, apoyó solidariamente en su día la invasión del país árabe, solo ha reconocido que se cometieron "errores", pero difícilmente podrá permitirse, como le exige la izquierda, fijar un calendario para la retirada de las tropas por la señal equivocada que enviaría a los insurgentes y sus repercusiones al otro lado del Atlántico.

En otro tema espinoso como es el conflicto de Oriente Medio, agravado desde la elección democrática de Hamas por las luchas internas entre los propios palestinos y la toma de partido de Occidente por Al Fatah, Brown ha visto ya cómo su predecesor, Tony Blair, le robaba protagonismo internacional con su nombramiento como representante del Cuarteto (EU, UE, Rusia y ONU).

En teoría, Blair, nombrado por deseo expreso de su amigo Bush, debe ayudar a potenciar las instituciones palestinas, fomentar la economía y movilizar la ayuda internacional a ese pueblo, temas de desarrollo caros a Brown, pero quienes conocen el activismo del ex premier británico dudan de que vaya a limitarse a ese papel de facilitador.

Si la solución del conflicto israelo-palestino es ya complicada, no es un desafío fácil el que presentan las ambiciones nucleares de Irán, a elementos de cuyo régimen Blair ha acusado por otro lado indirectamente de estar tras muchos de los ataques contra las tropas británicas en Irak. Más cauto y realista, sin embargo, que Blair, no es fácil que Brown vaya a apoyar un ataque contra las instalaciones nucleares iraníes, contra el que ya advirtió en su día el ex ministro de Exteriores y nuevo titular de Justicia Jack Straw, considerado como uno de sus íntimos.

De lo que no cabe duda alguna, según quienes le conocen, es de que Brown dará una enorme importancia a la ayuda al desarrollo, sobre todo en África, así como a la lucha contra el cambio climático, otro de sus principales caballos de batalla en el terreno exterior.

EFE



 
 
 
 
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