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Reportaje especial
Panamá, viernes 29 de junio de 2007
 

EJEMPLO DE NOBLEZA.

Boxeador o peleador

I.Roberto Eisenmann, Jr.

En una conversación entre dos personajes uno le pregunta al otro: "¿tú eres boxeador?"… y el otro responde "no, yo soy peleador"… a lo que el primero pregunta ..." ¿y cuál es la diferencia?"; la rápida respuesta es: "reglas".

El boxeo es un deporte rudo, pero como todo deporte entre caballeros (y ahora también damas), se rige por unas reglas creadas por el Marqués de Queensbury.

Tal como he escrito con anterioridad, en mi juventud practiqué con pasión el boxeo. Mi maestro inolvidable fue el inmenso Cuco Van Hoorde (q.e.p.d.) quien no tenía dificultad alguna para enseñar, porque con cualquier jab demostrativo suyo, terminabas en la lona.

Siento que el boxeo y sus "reglas de caballero" fueron un aprendizaje muy importante para la vida. Primero, inculcó en mí la confianza de que podía afrontar a cualquier contrincante o adversario con buenas opciones de ganar; esto, por supuesto, ayuda a superar los miedos y temores naturales en todo ser humano.

El boxeo también me enseñó a luchar con claridad y confianza por mis principios. Todo lo material puede estar sujeto a negociación, pero cuando de principios se trata no hay negociación posible: por éstos se lucha siempre, manteniendo los ideales de la juventud.

El boxeo me enseñó que toda lucha tiene reglas de caballerosidad. Por más dura que sea la lucha emprendida, no se golpea por debajo del cinturón… nunca. La lucha debe ser siempre limpia, con hechos comprobables.

Cuando se entra al ring se entra sabiendo que vas a golpear y a ser golpeado. La defensa siempre debe estar en alto porque cada golpe que tiras trae como es natural un contragolpe; el boxeo te enseña a aguantar ese contragolpe y a seguir boxeando con convicción y pasión.

Conozco a muchos -que no practicaron boxeo- que se meten entusiasmados en una lucha… tiran tres - cuatro golpetazos, pero donde les viene el primer contragolpe quedan sorprendidos, turulatos y con ganas de tirar la toalla. Tuvieron el ridículo pensamiento de que la lucha sería solo tirar golpes sin recibir ningún castigo… y se dieron cuenta que ni en el boxeo ni en la vida la cosa es así.

Ahora bien: en la vida, contrario a como es en el boxeo en el que el referee asegura la aplicación de las reglas, el contrincante no necesariamente juega limpio con reglas de caballero. Frente a este dilema ¿qué hacer?... ¿rebajarse al nivel del contrincante sucio? No; la vida me ha enseñado que uno sigue su lucha cumpliendo las reglas. Cuando los gorilas nos entraban a palo, seguíamos la lucha militante y no violenta, y con esa técnica llamada jujitzu los llevamos a la orilla del barranco. Así, el Movimiento Solidaridad de Polonia con métodos no-violentos inició la destrucción de todas las dictaduras militares del comunismo de Europa del Este, que terminaron todas en el basurero de la historia.

Estas enseñanzas históricas deben servir a los gobernantes faltos de memoria en nuestra América, que piensan re-inventar la rueda por la vía de la autocracia electa.

En fin, el boxeo fue para mi la base de acción de mi espíritu de lucha. De más está decir el orgullo que siento como panameño al compartir la nacionalidad con Al Brown, Ismael Laguna, Eusebio Pedroza y Roberto Durán, quienes inspiran hoy a una nueva cuadra de jóvenes campeones mundiales panameños. Son ellos el ejemplo de la nobleza y espíritu de lucha de nuestro orgulloso pueblo istmeño.

El autor es presidente de la Fundación para el Desarrollo de la Libertad Ciudadana



 
 
 
 
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