| CONCERTACIÓN.
¿Cuál es el apuro?
Giancarlos Candanedo Páez
Hemos sido convocados por el Gobierno nacional a un Diálogo de Concertación Nacional para el Desarrollo, auspiciado por el PNUD, con la finalidad de trazar juntos las líneas del mejor país que todos queremos en un futuro inmediato. Un país justo y equitativo en donde realmente existan oportunidades de empleo digno, de educación de calidad, en donde nos sintamos seguros y en el que realmente se erradique la corrupción.
Esta convocatoria la hizo el Gobierno nacional únicamente por el compromiso político que adquirió con la sociedad civil y nuestro Partido Panameñista, quienes condicionamos el voto favorable al proyecto de modernización de la vía, a un diálogo que buscara garantizar un eficiente manejo de los fondos que generará el Canal de Panamá producto de la ampliación, en los próximos 25 años. Un diálogo que tuviera como finalidad la erradicación de la pobreza y pobreza extrema que aqueja a nuestra gente, que no ve los frutos de las cifras halagadoras que anuncian crecimiento económico y que presagian mayores riquezas.
Como Partido Panameñista, nuestra participación en el diálogo se da responsablemente como muestra de nuestra voluntad de trabajar con seriedad y honestidad; de nuestro verdadero compromiso de lograr un mejor país. Participamos con la mejor intención de aportar propuestas concretas que renovarán los cimientos de la patria, en búsqueda de una mayor justicia social. Estamos convencidos de la necesidad de elaborar políticas de Estado y un plan con una visión de país, que trascienda el manejo político de los gobiernos.
Sin embargo, lo que vemos en estos momentos, dista mucho de los motivos que nos llevaron a un Diálogo de Concertación Nacional y pone en entredicho la credibilidad y efectividad de este. La falta de compromiso gubernamental con los acuerdos y la poca legitimidad que está teniendo el diálogo, producto del desequilibrio participativo de los actores frente a la representatividad directa o indirecta del Gobierno nacional, hacen de este esfuerzo un esfuerzo casi vano. Un esfuerzo en el que se ve comprometido el cumplimiento inmediato de los acuerdos, y, por ende, el mejoramiento de la calidad de vida de todos los panameños y panameñas, la erradicación de la pobreza y pobreza extrema.
Ya tuvimos nuestra primera experiencia cuando hace algunos días propusimos en la Asamblea Nacional el proyecto de ley que modifica la Ley de Carrera Administrativa y reconoce a los funcionarios la totalidad de sus prestaciones laborales al momento de ser destituidos, como lo consagra el Código de Trabajo para los empleados de empresas privadas. Este proyecto de ley propuesto por la bancada panameñista, que beneficiaría a todos los funcionarios dándoles estabilidad y seguridad laboral, fue rechazado por la bancada del partido PRD, dándole la espalda a miles de hombres y mujeres que trabajan en el aparato gubernamental.
Sumado a esto, luego de la plenaria intermedia del 28 y 29 de mayo, se impone como fecha de cierre de este diálogo, la última semana de julio. El cronograma de cierre es abrumador y técnicamente imposible de desarrollar responsablemente, tomando en consideración los temas de vital importancia que quedan pendientes por discutir. La descentralización y la seguridad ciudadana son temas que requieren de tiempo y análisis profundo para proponer soluciones coherentes a corto, mediano y largo plazo.
Conciudadanos, los graves problemas de seguridad que afrontamos en estos momentos, que no solucionó ni la "Mano Dura" de Mireya, ni la "Mano Amiga" de Martín; no los resolveremos en dos sesiones de seis horas cada una, sin ser expertos en seguridad. Es irresponsable abocarse, porque así lo quiere el Gobierno, a finalizar el diálogo en tan corto tiempo.
¿Cuál es el apuro?, ¿qué hay detrás del acelerado cronograma de cierre que nos da escasas dos semanas para hablar de descentralización, dos para hablar de seguridad y otra para hablar de ética -además con tres plenarias intermedias- antes de que se cierre el diálogo y "firmemos" el acuerdo y nos tomemos "la foto" para la posteridad? ¡Esto es serio, señores! Tenemos en nuestras manos el futuro de una nación que clama por mejores días y que exige que se le trate con justicia, respeto y dignidad.
Por los vientos que soplan, esto no pasará de ser un disfraz efímero para ocultar la dura realidad del país en que vivimos. Es la hora de hablar con actos, haciendo real lo posible, comprometiéndonos con una justicia social basada en el trabajo y en la dignidad de la persona, para reconstruir moralmente a Panamá.
El autor es abogado y representante del Partido Panameñista en el Diálogo de Concertación Nacional
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