Mañana finalizan las sesiones de la Asamblea Nacional y todo parece indicar que la nueva ley de transporte, aquella que el Gobierno prometió para acabar con el caos existente, seguirá siendo solo una aspiración del pueblo panameño.
Es simplemente inaudito que los diputados les dediquen largas horas de debate a temas como la justificación de sus privilegios o a tratar de revivir las partidas circuitales, mientras los buses siguen circulando como trampas de muerte. ¿Se le ha olvidado al Gobierno que el Estado tiene la obligación de proteger la vida? Cada minuto que pasa y se deja que los transportistas sigan haciendo de las suyas, se están poniendo vidas en riesgo.
Señor Presidente, las reuniones a puerta cerrada con los transportistas dejan un mal sabor en los usuarios. Así como la maquinaria oficialista ha sabido aprobar leyes menos importantes con mayor celeridad, ahora le toca a la Asamblea aprobar una ley de transporte que garantice un servicio accesible, eficaz, seguro, moderno y organizado. Las cartas están echadas; el Gobierno sabe lo que tiene que hacer y tiene las herramientas, al tiempo que un país entero le exige poner fin a la mafia del transporte. |