| MEDIO ORIENTE.
Palestina, inmersa en una cruenta guerra
Eduardo L. Lamphrey R.
Cualquiera sea su causa, la guerra civil que libran las dos facciones palestinas, Hamas y Al Fatah, representa una derrota para ambos y para la causa de un sufrido pueblo que solo aspira a volver a ser un Estado independiente, progresista y en paz.
Todo lo que la figura del fallecido Yasser Arafat había logrado contener por años entre las facciones antípodas dentro del movimiento palestino se desbordó en los últimos días. La violencia interpalestina con los enfrentamientos entre Al Fatah y Hamas, no sorprende a nadie, porque sigue una lógica que dejaron las urnas en el 2006. Lo que sí sorprende es el nivel de la violencia y las proporciones que puede alcanzar si no se logra una nueva negociación para un gobierno de unidad nacional.
Hamas quiere dejar muy claro en el terreno que cumplieron con el proceso democrático, fueron a las urnas y ganaron. Es que eso nadie se los puede negar. Y la gente de Al Fatah que trata de superar el traumatismo, no se resigna a la derrota. En cuanto al resto de los palestinos, son las víctimas y están dispuestos a dar su apoyo a aquellos que terminen con la parálisis que se vive tanto en Cisjordania como en la Franja de Gaza, y que los está asfixiando económicamente. A Hamas lo apoyan, política y militarmente, dos países: Siria e Irán; Al Fatah, tiene el apoyo de EU e Israel. Quizás lo más grave sea la sensación del pueblo raso de que está viviendo en medio de dos mundos. Y eso va mucho más allá de la separación entre la Franja de Gaza, controlada por Hamas, y Cisjordania, bajo poder de Al Fatah.
En fin, mientras más se agudice y prolongue el actual conflicto bélico entre palestinos, y entre más proyecten la imagen de anarquía que están dando al mundo, peor para sus justas y legítimas aspiraciones como pueblo. Porque es supuesto esencial para el reconocimiento de todos los Estados que conforman la comunidad internacional el comprometerse con la paz mundial y, por lo que se ve en estos días, los palestinos están bastante distantes de ello y dan, de paso, fuertes argumentos a sus enemigos, quienes se oponen a la creación de un Estado para los palestinos.
En Panamá, donde hay mucho arraigo histórico y cultural con el pueblo árabe, nos duele que una lucha justa del pueblo palestino hoy sea mancillada por intereses políticos en contra de las aspiraciones colectivas de un pueblo que quiere y desea vivir en paz y como Estado independiente.
El pueblo palestino no desea seguir viviendo en campamentos de refugiados, en condiciones infrahumanas, bajo presión militar y sin poder regresar a su tradicional terruño, no desea legarle a las nuevas generaciones el resentimiento y el odio por sus propios hermanos, dejando a un lado el verdadero objetivo de su lucha histórica.
Hoy se muestran relativas todas las ideologías, se hace necesario convocar una alianza simbólica que asumiendo la relatividad de toda verdad y la transitoriedad de toda forma de poder y conocimiento, permita acunar espacios donde las diferencias puedan encontrarse y explorarse, sin temor al aniquilamiento, alejados del caudillismo y el heroísmo. Ha llegado la hora de superar el arraigado ideal guerrero que considera el combate a muerte, como la actitud más digna y merecedora de reconocimiento. Es el tiempo de desplazar la marca de sangre por una justa lucha civil, donde la dignidad no se gane el precio del mutuo aniquilamiento.
El autor es economista
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