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Reportaje especial
Panamá, martes 26 de junio de 2007
 

EMERGENCIAS. LOS MENORES DE EDAD SE SIENTEN VULNERABLES.

La otra cara del desastre

Las autoridades olvidan el estrés post traumático que sufren las víctimas de las calamidades.

LA PRENSA/Archivo
DESBALANCE. Además de ayuda, los damnificados necesitan de orientación psicológica.871265
Shelmar Vásquez
svasquez@prensa.com

Los desastres naturales como terremotos, inundaciones y vientos huracanados son eventos que pueden producir en una comunidad una crisis psicológica por su enorme impacto.

Otros, que no se dan en Panamá pero que no pueden descartarse, son los desastres producidos por el hombre como los ataques terroristas, conflictos bélicos y ataques de guerrilla.

Sobre este tema hizo referencia la doctora Amalia de Sotillo en el VI Foro Científico del Impacto de las Situaciones de Emergencias en la Salud Mental de los Panameños, que se desarrolló la semana pasada en el Hotel Panamá.

Más que en los adultos, la especialista se enfocó en cómo estos hechos afectan a la población infanto-juvenil, y planteó los vacíos que existen sobre qué es lo que se debe hacer antes, durante y después de que suceda un desastre. Este último punto, dice la doctora, es donde tal vez son más vulnerables los menores, porque después de que pasa la tormenta las autoridades gubernamentales, de salud y de protección civil se concentran en atender a los heridos, ubicar a los damnificados y en equiparlos con parte de los objetos materiales que perdieron, comida y agua.

Pero no se toma en cuenta el estrés post traumático (Pstd) que sufren los jóvenes después de vivir un evento inesperado y violento.

Sotillo argumenta que el infanto-juvenil que no es atendido adecuadamente puede sufrir daños en su salud mental, representados a futuro en la disminución de su capacidad laboral, deterioro en su calidad de vida y en su relación familiar.

Ahora, como por lo general el equipo de rescate y ayuda sobrepasa el número de damnificados, es importante que se preparen líderes en los diferentes sectores de la población, que en un momento dado estén capacitados en criterios claros sobre el Pstd, para ayudar a otros a reducir los síntomas mientras les llega la asistencia profesional especializada de psicólogos y psiquiatras, que deberán formar parte de la red de atención de emergencia en casos de desastres. Esto, claro, iría de la mano con las estrategias de servicio médico y la logística de reubicación.

En tanto, el psicólogo Antonio Araúz sustenta que los menores son más vulnerables ante estos hechos porque se sienten impotentes ante una situación que desconocen por completo.

"Ven pasar frente a ellos personas de un lado a otro, a veces ven escenas traumáticas, y lo único que saben es que todos se les fue de las manos y no tienen con quién hablar, ya que los mismos padres están ocupados en resolver cómo quedará la situación familiar".



 
 
 
 
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