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Reportaje especial
Panamá, martes 26 de junio de 2007
 

ESTADOS UNIDOS.

Millones de inmigrantes esperan un ‘sí’

Gonzalo Espáriz

Los doce millones de inmigrantes ilegales en Estados Unidos tienen hoy una cita con su futuro, cuando el Senado vote si admite o no a trámite una ley de reforma migratoria que tiene divididos a republicanos y demócratas y en general a todo el país.

El momento es único. No solo porque ya es la tercera vez que el asunto llega al Congreso, después de que un primer texto fuese tumbado por la Cámara de Representantes el año pasado y otro por el Senado hace menos de un mes, sino sobre todo por el calendario político: con una larga campaña presidencial en puertas y unas elecciones en noviembre de 2008, un nuevo revés podría aparcar la reforma por mucho tiempo.

"Si no lo hacemos ahora no lo haremos tampoco en unos meses, ni el año que viene. Al menos no se hará hasta 2009, y quién sabe quién será presidente entonces", afirmó ayer Trent Lott, el segundo de los republicanos en el Senado.

El "sí" que los indocumentados esperan mañana es una incógnita. Al menos 60 de los 99 actuales miembros del Senado deben dar su aprobación, pero las divisiones son enormes en ambos partidos. Según publicó ayer The Washington Post, las cuentas de los demócratas suman 38 de sus 51 senadores, por lo que necesitan el apoyo de 22 republicanos, los más reacios.

Nadie se atreve a predecir cuál será el resultado, porque cada senador, muchos de los cuales deben ser reelegidos en 2008, está muy pendiente de las encuestas de opinión en sus estados. Según una encuesta la semana pasada del Centro Pew de Investigaciones, el 41% de la población estadounidense está en contra de la reforma y el 33%, con un 26% de indecisos.

Por eso los últimos días se convirtieron en una carrera frenética por convencer a la opinión pública. Partidarios y detractores aprovecharon cualquier ocasión para hacer campaña, incluido el presidente George W. Bush, que ve en la reforma migratoria la estrella de su legado en política interna.

El sábado, en su discurso semanal por radio, Bush habló de "una oportunidad histórica", definió como "inaceptables" los defectos de las actuales leyes de inmigración y aseguró que "la ley que está ante el Senado se dirige a estos problemas".

También las asociaciones de inmigrantes presionaron. "Vamos a ver si los senadores entendieron el mensaje. Saben que si la reforma fracasa los próximos años estarán probablemente marcados por más muertes en el desierto, más explotación laboral, más llamadas a la puerta de los agentes de inmigración y más agentes de policía dedicados a hundir a los inmigrantes aún más en las sombras de la sociedad", afirmó hoy Frank Sherry, del Foro Nacional de Inmigración.

Por el lado contrario, varios grupos de senadores republicanos prometieron luchar con todos los medios para evitar que la ley se apruebe. "Muchos de nosotros vamos a usar todas las herramientas procedimentales que podamos para parar esta ley", sentenció el republicano David Vitter.

La polémica tiene su justificación en que se trata de la mayor reforma migratoria en el país en varias décadas. Según las líneas generales de las 762 páginas del texto, unos 12 millones de indocumentados (10 millones de ellos procedentes de Latinoamérica) podrán regularizarse, se destinarán 4 mil 400 millones de dólares para reforzar la seguridad en las fronteras y se introducirá un sistema por puntos para gestionar los permisos de residencia en el futuro.

El principal argumento de los detractores es que se trata de una "amnistía" igual a la que regularizó a 2.5 millones de ilegales en 1986, y que no resolvió el problema. "Esto resultará en una nueva invasión de Estados Unidos", amenazó ayer el republicano Pat Buchanan.

Los partidarios del texto aseguran que ya establece suficientes mecanismos para que la regularización no sea "gratis": los ilegales tendrán que pagar multas e impuestos atrasados, pasar un control de seguridad, volver a su país para tramitar la nueva "visa Z" e incluso aprobar un examen de inglés. "No es una amnistía", sentenció el propio Bush.

Si recibe hoy el "sí" para iniciar su tratamiento parlamentario, el texto habrá pasado la primera criba, pero no la última. A partir previsiblemente del jueves habrá una dura discusión por las doce enmiendas que los líderes de ambos partidos acordaron aceptar. Y algunos senadores ya advirtieron que ciertas enmiendas, si son aprobadas, conllevarán su "no" definitivo en la posterior votación sobre el proyecto de ley.

DPA



 
 
 
 
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