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Reportaje especial
Panamá, martes 26 de junio de 2007
 

CONVICCIÓN Y HONESTIDAD.

Schwarzenegger tiene razón

José Brechner

En la convención de Periodistas Hispanos, el gobernador de California Arnold Schwarzenegger dijo: "Tienen que apagar la televisión en español", refiriéndose a que los hispanos no van a llegar muy lejos en Estados Unidos si no aprenden el inglés. Lo dijo, previniendo que sabía que se iba a meter en líos por hacer esa declaración, lo que convalida la firmeza de convicciones y honestidad que lo caracterizan.

Arnold tiene razón en el hecho de que si uno vive en una sociedad donde la mayoría habla inglés, por lógica más le vale conocer el idioma, de lo contrario las adversidades se le multiplicarán. Pero se equivoca cuando compara: "Yo sé que cuando llegué a este país, muy rara vez hablé alemán con alguien". No habló con alguien, porque encontrar alemanes o gente que sepa alemán en Estados Unidos, no es cosa de: a cada rato; por todas partes. Pero para hablar español basta con acercarse a cualquier gasolinera, entrar a una tienda o parar a un policía.

El alemán tampoco era el idioma que los inmigrantes europeos preferían hablar, cuando llegaron después de la Segunda Guerra Mundial. Asimismo, para encontrar germanos y compartir lenguaje y costumbres, hay que cruzar un océano, algo completamente diferente al factor geográfico que separa a Estados Unidos de Latinoamérica. La Union Europea (UE) tampoco es homogénea en idioma y hábitos, como la mayoría de Latinoamérica. En Europa, cada uno habla orgullosamente su propio idioma, pese a encontrarse en un espacio reducido y colindante.

Hubo tiempos en que se fomentaba ser parte del melting pot norteamericano; que en español viene a significar: "ser parte del crisol". La idea no ha cambiado, aunque ha sido tergiversada por las izquierdas norteamericanas, con su affirmative action -discriminación positiva- que empezó a identificar a los negros como afro-americanos, a los hispanos o latinos con las culturas del sur, orientales y otros grupos étnicos con sus antepasados, haciendo resaltar sus diferencias en vez de sus afinidades con los anglosajones, promoviendo lo que llamaron el multiculturalismo.

Los inmigrantes latinos se sienten tan norteamericanos como cualquiera. Sus hijos, por lo general, entienden el español, pero restringen su uso a círculos familiares. Sus nietos habrán perdido totalmente la lengua. En realidad el español se mantiene vigente en Estados Unidos, porque el flujo norte-sur es permanente y lo será más, a medida que vayan desapareciendo las barreras económicas que separan a las naciones americanas.

Saber varios idiomas no le hace daño a nadie, especialmente en un mundo globalizado. Para un inmigrante, encontrarse con un paisano y practicar la lengua materna, es un gustoso placer. Después del inglés, que es el esperanto moderno, el español se ha convertido en la lengua más importante. Somos 400 millones que lo practicamos, y sin duda es relevante en Norteamérica con 40 millones de hispanoparlantes, así no sea su idioma principal de comunicación diaria. Que el español tenga fuerte presencia en Estados Unidos es parte de la nueva sociedad continental. Los hispanoparlantes somos los vecinos de los angloparlantes y la integración entre ambas culturas es cada vez mayor. Ya se nota en la música y en el cine. La meca de cualquier artista hispano es Estados Unidos; la capital de Latinoamérica es Miami. Ese fenómeno no se ha dado con ningún otro grupo humano.

En Estados Unidos no existe "idioma oficial". Se adoptó popularmente el inglés porque es el que más se propagó en el tiempo. Cuando en el Congreso Constituyente se planteó: ¿cuál sería la lengua oficial?, la discusión no llegó a dar fruto. Unos se volcaban por el inglés y otros por el holandés. Thomas Jefferson propuso el hebreo. El asunto quedó sin dirimirse hasta nuestros días, y varios estados de la unión están proponiendo leyes locales para adoptar el uso obligatorio del inglés, lo que para muchos es discriminatorio. Tal vez es conveniente aprender de los canadienses, que manejan su personalidad bilingüe sin aspavientos.

Firmas Press. El autor es ex diputado boliviano



 
 
 
 
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