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Reportaje especial
Panamá, martes 26 de junio de 2007
 

RETO PARA EL DESARROLLO.

Tecnología y educación en el siglo XXI

José G. Tejada G.

Cuando tenía 12 años aprendí a manejar. Estaba en Las Tablas en el verano de 1990 cuando de repente mi padrino me dijo: "Vamos de paseo, José". La siguiente cosa que supe fue que zumbábamos camino abajo por la carretera de campo hacia la playa "Las Comadres" en su auto. "Ya es hora que aprendas a manejar", dijo. Y así diciendo, agarró la parte de atrás de mi cuello y con la fuerza de su mano derecha enfocó mi atención en la base del tubo de la dirección. "El pedal largo lo hace andar, el pedal cuadrado lo hace parar. Gira la rueda a la izquierda cuando quieras ir a la izquierda, a la derecha cuando quieras ir a la derecha. Eso es todo. ¿Alguna pregunta? Bien. Cambiemos de asiento". Tenía miedo; estaba aterrado. ¿No lo estarías tú? ¿Cómo me fue? Bien. Hice ondas por todo mi carril por un rato, pero unos cuantos coscorrones en la cabeza me curaron rápidamente. Mi padrino parecía creer que todos habían nacido sabiendo cómo conducir.

Estoy haciendo una analogía aquí, entre la habilidad de conducir en la cual tu vida está en riesgo por cualquier momentáneo despiste, y la habilidad de operar un recurso tecnológico en la cual no lo está. Ambas son demasiado fáciles de aprender para hacer gran barullo por ello.

Para mi concepto, hablar de tecnología hoy en día es como música para los oídos de cualquier docente que haya intentado despertar el interés de sus alumnos en su materia. ¿Por qué las tecnologías de la información y la comunicación generan tanto entusiasmo entre quienes aspiran a hacer más equitativa y dinámica la educación en en siglo XXI? La respuesta es muy fácil, "entusiasmo"; este provoca que su potencial sea fácil de entender. El aprendizaje ocurre a través de la interacción con palabras, imágenes y sonidos. El acceso a maestros, libros y otros medios que ofrezcan ese "contenido" se ha visto siempre limitado por costos y distancias. Pero la proliferación de computadoras a precios cada vez más bajos y la expansión de la internet permiten prever que hasta los estudiantes en sitios remotos podrán acceder a un inmenso caudal de información por la vía cibernética.

El problema de lo anterior es que en algunas instituciones se usa la computadora como recurso administrativo y no se le da la importancia y la dimensión que actualmente podría tener; por otro lado se mal interpreta "Tecnología en la educación" con el uso de un computador en el aula. El otro problema no es ya el de conseguir información, sino el seleccionar la más relevante de entre una inmensa cantidad que nos bombardea, evitando la saturación y la consiguiente sobrecarga cognitiva.

Una interrogante que debemos hacernos es: ¿empleamos la tecnología para nuestro beneficio?, cualquier respuesta a esta pregunta podrá estar equivocada si no respondemos primero a la pregunta: ¿cuándo debemos empezar a usar la tecnología? El primer cuestionamiento se responde fácilmente con un sí, ya que la tecnología es parte vital en nuestras acciones diarias. Preguntémonos ahora ¿qué beneficio reporta el usar la tecnología ahora?, ¿son más rápidos los eventos y acciones cotidianas con su uso?, ¿todo ello beneficia culturalmente a la población?

La tecnología de los procesos de fabricación sigue siendo extranjera, seguimos formando un pueblo maquillador, si no, basta con preguntarnos, por ejemplo, ¿cuándo fue la ultima vez que se intentó estudiar una lengua extranjera y se concluyó dicho estudio con el dominio de la misma?

Todo esto manifiesta la creciente dependencia del ser humano con respecto de la tecnología en el siglo XXI, pero ¿la usamos para mejorar nuestro nivel de educación?, ¿formamos personas que sean dependientes de la tecnología o usuarios que conozcan el qué y el cómo de la misma? Es importante puntualizar que para formar usuarios de la tecnología y no dependientes de ésta, sólo se necesita voluntad de las tres partes que intervienen en el proceso de enseñanza: el maestro, el alumno y la familia.

La educación no puede permanecer al margen y debe apropiarse de las herramientas tecnológicas que la sociedad desarrolla, introduciéndolas como medios que posibiliten la comunicación eficaz en sus aulas. En este proceso de inclusión de nuevas tecnologías en los escenarios educativos, los centros de enseñanza no deben actuar por simple mimetismo con la sociedad, sino que deben orientarse en el uso de las nuevas tecnologías con fines educativos desde posturas bien fundamentadas pedagógicamente. Dado que, como bien se sabe, estas herramientas no fueron creadas con fines pedagógicos, los centros educativos deben adaptarlos a las exigencias y peculiaridades de los procesos de enseñanza que en su seno se desarrollan, desde una perspectiva innovadora. Habremos de conocer en profundidad las nuevas tecnologías, saber utilizarlas e introducirlas en la práctica educativa de forma racional y mirando siempre a la consecución de objetivos netamente educativos.

La tecnología está cambiando la vida de todos, sin importar la edad. La escuela, como generadora de la fuerza de trabajo del futuro, tiene que mantenerse a la par de estos cambios y preparar a sus alumnos para desempeñarse en el mundo globalizado en el que les va a tocar vivir. Los padres de familia deben estar conscientes de esto y de las múltiples ventajas que ofrece el uso de la tecnología si se emplea adecuadamente.

El impacto que producen las nuevas tecnologías viene a determinar los grandes cambios a que está sometida la educación, transformándola no sólo en cuanto a su forma, sino también, y en buena medida, en su contenido.

El autor es ciudadano panameño



 
 
 
 
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