| GRACIAS, BLONDI.
La miseria humana
Francisco A. Porras M.
Blondi es el perro de mis vecinos que se fue encariñando conmigo y al final pasa más tiempo a mi lado que con sus reales dueños; pienso que se debe a que estoy pendiente de él, de su alimentación y de llevarlo al veterinario cuando está enfermo.
Cuando llego, este animal se alegra; me dicen que cuando estoy ausente me busca y, al no encontrarme, se pone triste.
Con su accionar, Blondi me demuestra su agradecimiento, es decir, no muerde la mano del que le da de comer, en él no cabe la canción "¿Amigo de Qué?"
Cuando veo las cosas, amistades que se han beneficiado a nivel personal con algún amigo, con alguien que en su momento se jactan de su cercanía con aquella persona y que manifiestan que su relación es de "más que un hermano" y que a la hora de la verdad se cae el castillo de arena a la primera brisa, definitivamente recuerdo una expresión que siempre es manifestada por mi madre: "entre más conozco a la gente más quiero a mis animales". Y es que mi progenitora ha tenido perros y hoy tiene cuatro loros, los cuales se entristecen cuando ella está ausente y se alegran con su presencia; son leales y no conocen la traición.
En fin, son animales y son agradecidos hasta la muerte. Y nunca, pero nunca, sufrirán la enfermedad que le da a las personas cuando "ese más que hermano" ya dejó de serlo, es decir, los animales están vacunados contra "la miseria humana".
Aprendamos de estas enseñanzas, las de nuestros animales, en contraposición con esas lealtades falsas con esa amistades de turno, con esas puñaladas traperas, a ese querer de papelillo.
Finalmente hago dos preguntas: ¿Por qué no reflexionamos como seres pensantes y nos damos cuenta que la vida no termina hoy y aquí? y ¿con qué cara te puedo mirar mañana?
Gracias Blondi por estar en mi vida y por tu lealtad.
El autor es mayor retirado
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