Dos realidades sociales se viven en Panamá. Por un lado, somos el país cuyo PIB crece a más del 9%, guarismo sin precedentes en la última década; pero por el otro, somos el país en el que más de un millón de personas malviven en la pobreza. Y los ejemplos sobran. Apenas ayer el Gabinete dio luz verde al proyecto de emergencia 911 para las áreas de Panamá, San Miguelito y Colón.
Esta iniciativa es un gran avance y hay que aplaudirla. Sin embargo, mientras en las urbes damos pasos importantes para modernizar nuestros sistemas de emergencias, en las comunidades rurales los enfermos son transportados largas distancias en hamacas al hombro, que son las ambulancias humanas de los más carentes.
En lugares como Hato Chamí, en la Comarca Ngöbe Buglé, sin importar la urgencia médica o el mal que padece una persona, no hay más opción que encontrar dos buenos samaritanos que, desafiando el clima, el terreno y las alimañas, carguen al enfermo por kilómetros hasta llegar al centro médico del área. Esto debe avergonzarnos a todos los panameños, pues tenemos los recursos para no tolerar dos realidades sociales en un mismo Panamá. Actuemos ya. |