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Reportaje especial
Panamá, jueves 21 de junio de 2007
 

CONSTRUCCIÓN.

La industria del bienestar humano

Ramón Young

La ciudad de Panamá se ha dividido en tres grandes grupos, en cuanto a su visión y forma de actuar frente a las tareas de desarrollo y crecimiento material del área metropolitana de la ciudad de Panamá. Por una parte, los que crean riquezas, oportunidades de trabajo, contribuyen a la solución de los problemas habitacionales de muchos panameños, quienes generan actividad económica en los sectores construcción, industria, comercio, banca, servicios inmobiliarios y otras actividades afines; es decir, los que se agitan en el mundo de profesiones y oficios que se desarrollan alrededor de la industria de la construcción y que con sus iniciativas combaten la pobreza y la inseguridad social. En resumen, los que crean empleos, ofrecen soluciones habitacionales, atraen inversión nacional y extranjera y, en general, actúan para mejorar las condiciones socioeconómicas de muchos panameños y, por ende, del país.

Por la otra están aquellos que poco o nada hacen para alcanzar los objetivos de los primeros y que, en su visión de país, se conducen convencidos de que cumplen su compromiso social mediante la crítica permanente, se oponen a todas las acciones que provengan de quienes impulsan el desarrollo económico del país y asumen posiciones extremas frente a cada acción, venga del sector privado u oficial. No obstante, éstos logran algún nivel de aceptación de la mayoría silenciosa, ya que reconocemos su capacidad de manifestarse, su disposición de tiempo para mantener una presencia constante en los medios de comunicación social, así como para realizar frecuentes protestas públicas que inducen al ciudadano común a mirar con simpatía la posición que promueven.

Finalmente, tenemos a la gran mayoría que no opina ni participa a favor de uno u otro grupo. Esta mayoría, por su indiferencia, está condenada a recibir los resultados de la corriente que prevalezca entre los que decidieron contribuir al crecimiento sostenido del país y aquellos que escogieron el camino fácil de criticar en vez de construir; de quienes en su visión del mundo circundante, se conforman con sus logros personales y los de su generación, se oponen a todo progreso porque les falta disposición de hacer y ayudar a resolver los problemas de empleo, vivienda y seguridad de las nuevas generaciones que demandan soluciones a los problemas propios del crecimiento poblacional y la degeneración social.

Frente a tales circunstancias, en esta oportunidad hemos querido transcribir un juicio serio y balanceado de los males que aquejan nuestra ciudad, donde se señala a los verdaderos responsables de la situación existente y propone soluciones. Este artículo escrito por el Arq. Richard Holzer fue publicado hace menos de un año en la revista Recursos, en su 5ª edición / 2006, cuya gerencia coincidió con el Arq. Holzer de permitir su reproducción en la revista Construcción, la industria del bienestar humano, para difundir el mensaje positivo que contiene a través de este órgano informativo de la Cámara Panameña de la Construcción.

Recomendamos su lectura a todas las personas que quieren hallar la mejor solución a los problemas que están comprendidos en los términos cívico, civilización, ciudad y ciudadano, los cuales tienen un origen común en el término en latín que significa ciudad: civitas, tal como lo explica el Arq. Holzer en su escrito.

Para interesarlos en su lectura, citaremos algunas ideas expuestas por el Arq. Holzer, como:

"El síndrome de ciudad enferma tiene muchas causas y no necesariamente aquellas que con mayor frecuencia se suelen señalar. Los edificios altos intrínsecamente no son ni buenos ni malos; depende de dónde y cómo se construyen. No todas las barriadas de pequeñas viviendas son buenas o malas, depende de dónde y cómo se construyen. Densidad no es sinónimo de altura. Densidad no es intrínsecamente ni buena ni mala, depende de su intensidad, de dónde se implanta y cómo se logra, si por compresión horizontal o extrusión vertical".

"Las ciudades europeas, paradigma de ciudades funcionales a la vez que agradables son producto de un crecimiento lento, de muchos siglos que llegó a su culminación antes de que se inventaran los ascensores y los automóviles. En consecuencia, sus edificios son de poca altura y las diversas actividades que ocurren en una ciudad: vivir, trabajar, comerciar, comprar, gobernar, recrearse, estudiar y curarse están al alcance del peatón y el carruaje..."

"Las ciudades de nuestra América son jóvenes, generalmente de un quinto o menos de la edad de los europeos y han crecido vertiginosamente, sobre todo en los últimos cincuenta años. La ciudad de Panamá ha crecido mil por ciento (1000%) en sesenta años y sigue creciendo visiblemente. Ese crecimiento espontáneo, esa explosión urbana ocurrió sin ninguna planificación orientadora y lo que hoy vivimos es el resultado de esa carencia. Sí tenemos zonificaciones desde hace años pero, sin un plan de desarrollo urbano, las zonificaciones no son sino reglamentaciones cuyo efecto es limitado y que, desde luego, requieren revisiones periódicas pues la ciudad, siendo un organismo vivo y en crecimiento, requiere controles dinámicos y no estáticos".

El autor es miembro de la junta directiva de la Cámara Panameña de la Construcción (Capac)



 
 
 
 
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